Las ciudades post COVID-19: viajes cortos, veredas anchas, barrios fuertes

Óscar Miranda

oscar.miranda@glr.pe el_miranda

24 Abr 2020 | 4:42 h
Cambios. Lima y nuestras otras ciudades tendrán que adaptarse a las transformaciones por la pandemia. Se debe impulsar el uso de la bicicleta y paseos a pie. Foto: John Reyes.

Nuevo modelo en el Perú. Debido al distanciamiento social que obliga la prevención, los expertos prevén que atravesaremos menos la ciudad y que la vida girará más en torno a los vecindarios, que deberán tener los servicios esenciales a la mano.

Hay calamidades tan poderosas que llegan a transformar la arquitectura de las ciudades. Ocurrió en Lima hace 150 años: la epidemia de fiebre amarilla de 1868 fue el detonante que decidió a las autoridades a derribar, dos años después, las viejas murallas coloniales y, con ello, intensificar la modernización del diseño urbano de la capital.

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“El trazado de las murallas fue reemplazado por avenidas en forma de alameda, como la Avenida Grau, y por espacios como el Parque de la Exposición”, dice el historiador Juan Luis Orrego.

Frente a la pandemia del Covid-19, que abre una etapa en la que el distanciamiento social será una obligación, la pregunta que se hacen los especialistas no es si cambiará a nuestras ciudades, sino cómo lo hará y qué tan radicales serán esos cambios.

“Vamos a tener que reinventar el modelo de la ciudad”, dice el arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos, proponiendo un nuevo modelo que desincentive los viajes masivos de un lado al otro de la metrópoli. “Necesitaremos una ciudad que sea policéntrica, de manera que uno tenga cerca de su casa los servicios esenciales, como la educación, la salud, las compras, y no necesite moverse demasiado”.

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El urbanista traza este nuevo diseño organizándolo en seis polos descentralizados: en Lima norte, Lima sur, Lima noreste, Lima este, Lima consolidada y Callao. Cada uno deberá bastarse solo para atender las demandas de sus vecinos de salud, educación, alimentación, recreación y también, en la medida de lo posible, empleo.

“No es tan difícil. El Estado puede volverse aliado del sector privado. El municipio deberá volverse un gestor que se alía con los empresarios locales pero en lógicas de complementariedad”, dice.

“Vamos a ver un retorno a lo local, claramente”, dice, por su parte, Mariana Alegre, directora de Lima Cómo Vamos. “El barrio llevado al extremo más granular, que permita satisfacer necesidades y oportunidades en la cercanía”.

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Alegre trae el ejemplo de la “ciudad de los 15 minutos”, un modelo de diseño urbano popularizado a inicios de año por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, según el cual cada vecindario debería ser capaz de satisfacer sus necesidades básicas dentro de un trayecto de 15 minutos a pie o en bicicleta.

“Vamos a tener que hacer viajes más cortos. Vamos a ver una ampliación de las veredas para los peatones. Va a ser una oportunidad superbuena para impulsar a la bicicleta como medio de transporte”, dice.

“Y vamos a ver la repotenciación de los espacios de aprovechamiento colectivo, con nuevas consideraciones. No será ‘ya, todos vamos al parque’, sino que habrá que hacer gestiones, incluso digitales, para que si yo quiero ir con mis hijos al parque a las 3 de la tarde, me tengo que inscribir y habrá un aforo de 10 familias, y en el siguiente turno, de 4 a 5, será lo mismo”.

Terrazas y balcones

Un asunto importante que deberá cambiar es el diseño mismo de las viviendas, que fueron siempre los lugares adonde llegábamos para dormir y hoy son –y para muchos lo seguirán siendo en el futuro– los espacios donde transcurren nuestras vidas.

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“Empezaremos a pensar en la vivienda hacia afuera”, dice la arquitecta de la PUCP Belén Desmaison. “En la importancia de tener espacios como terrazas o balcones, que se ha visto mucho ahora en España o Italia en la cuarentena. Tener espacios compartidos entre varias viviendas que los vecinos se puedan turnar. De ahí la importancia de las organizaciones vecinales, incluso dentro de los edificios”.

Como Mariana Alegre, Desmaison prevé un fortalecimiento de los vecindarios y del sentido de comunidad. Un impulso inédito a formas de movilidad sostenible como la bicicleta, particularmente en el período inicial tras la cuarentena, mientras el tránsito de vehículos motorizados continúe restringido. Y, en el mejor de los casos, la irrupción de un sentimiento de solidaridad entre ciudadanos – que ya se está viendo– que haría la convivencia barrial más fácil para todos.

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Finalmente, la urbanista cree que las restricciones de aforo en lugares como los centros comerciales potenciará la tendencia de las compras digitales, que se replicará en los pequeños negocios y hasta en las bodegas de barrio. “Ya hay pequeños comercios que están sacando su Yape, que hacen delivery vía Whatsapp. No solo en alimentos y medicinas, que es lo que se permite ahora, sino en otros rubros, como los textiles. Va a haber mucha movilidad en ese sentido”.

El cólera cambió a París y Londres

No faltan en la historia ejemplos del impacto de epidemias en la configuración física y social de las ciudades. Dos de los casos más conocidos son la renovación urbana “higienista” de París y la construcción del sistema de alcantarillado en Londres luego de sendas epidemias de peste y cólera sucedidas en esas ciudades en la primera mitad del siglo XIX.

Más cerca de nosotros, una epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1871 fue el puntapié inicial de una revolución urbana en esa ciudad, que incluyó la creación de grandes parques y monumentales avenidas, además de millonarias inversiones, tal como recordó un reciente artículo del diario Clarín.

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