¿Con qué tiempo?

22 Mar 2020 | 20:39 h

Con la cuarentena, el hombre ha descubierto la gran diferencia en el tiempo del trabajo productivo y el de la vida personal, familiar y de ocio.

Eduardo Ugarte y Chocano

Periodista

En una viñeta de WhatsApp representantes de todas las religiones del mundo apuran en el tiempo por una vacuna a un científico frente a un microscopio: comprendo el valor de la ciencia y la tecnología ante el temor y la desesperanza. En mi mente, recreo la Edad Media quemando brujos para detener la peste.

Imagino detrás de paredes a parejas que se descubren amigos o hipócritas tolerantes que vuelven a tener tiempo para sentir sus olores y calores; contenidas o liberadas agresiones conyugales en cerrados espacios para dos sin máscara. Suegras que vuelven a ser “suegras” con las nueras. Padres con tiempo para recuperar a sus hijos de televisores, computadoras y smartphones, o integrándose a ellos. Trabajadores remotos sin horario o con la obligación, pero sin plataformas.

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Por la ventana veo en calles a soldados —han atropellado a uno en Puno— y policías controlando la conducta ciudadana, y entiendo la diferencia entre patriotismo y nacionalismo. También, el compartir y no tratar de quitar. Pienso en que es más importante la construcción de ciudadanía que de identidad, para así convivir sin fundamentalismos culturales que excluyen y con diversidad que iguala, sin centralismo que ignora las zonas donde el dengue mata.

Con la cuarentena, el hombre, obligado a detener sus actividades, ha dado tiempo para que la naturaleza se vuelva a mostrar en el espacio transformado y agredido; el individuo ha descubierto la gran diferencia en el tiempo del trabajo productivo y el de la vida personal, familiar y de ocio. En el primer caso, se ve con tiempo para sentir su ciudad descontaminada y amable; en el segundo, nota que su vida personal está condicionada y sin tiempo libre para cultivar el ocio como valor.

Y al decir ocio no me refiero a inacción total, en que la palabra inútil tiene sentido, tampoco en otro extremo al ocio productivo que creó la filosofía griega; sino, simplemente, al uso del tiempo libre en provecho de la innovación personal, que hoy no tiene como disculpa la pregunta-respuesta: “¿Con qué tiempo?”.

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