Arequipa dividida (I)

10 Mar 2020 | 17:47 h
Eduardo Ugarte y Chocano - Periodista

“Como personas somos lo que recordamos y lo que hemos olvidado; los edificios son lo que conservan de su origen y lo que han perdido en el tiempo.” manifiesta el periodista Eduardo Ugarte.

Eduardo Ugarte y Chocano - Periodista

Como personas somos lo que recordamos y lo que hemos olvidado; los edificios son lo que conservan de su origen y lo que han perdido en el tiempo. Hago la comparación porque al señalar con el Escudo Azul de la Unesco la necesidad de proteger como monumento al templo de Santa Marta el pasado jueves, se ha hecho evidente el olvido de su razón de ser y su significado histórico.

Recién fundada, la ciudad acoge dos devociones populares en una ermita de San Lázaro: al Señor de la Caridad, patrono de Arequipa, y a Santa Marta, patrona de la Arquidiócesis. En 1556 son trasladadas a su actual lugar, que era el “camino a la sierra”, donde la población indígena dispersa es reducida para ser adoctrinada junto a los ayllus de San Lázaro, Santa Isabel de Chichas, La Pampa (hoy Miraflores) y los de la margen izquierda del río Chili.

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Así, se nombra Santa Marta al espacio de adoctrinamiento de indios donde se levanta una iglesia formal que es bendecida el 28 de enero de 1678, y que divide la ciudad en hábitat de españoles y sus descendientes hasta la calle Guañamarca (hoy Rivero), y desde el templo de Santa Marta el de los indios, que se irá extendiendo y necesitará de nuevas parroquias como la de San Antonio.

Acabamos de celebrar el carnaval, que históricamente para los “arequipeños” comenzaba en la segunda cuadra de Rivero, porque allí terminaba para los miraflorinos y pampeños, como también las danzas y música andina de esta fiesta. Ahora no se habla de esta separación cultural y étnica, como tampoco de cómo se daba la relación intercultural y el mestizaje en base a funciones sociales y laborales de los dos espacios que dividía un templo.

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El templo de Santa Marta, testigo y símbolo del crecimiento urbano y de la transformación social de Arequipa, fue muy dañado por el terremoto del 2001. Casi 20 años después lo ha recuperado Cerro Verde con una total restauración destacada en la citada colocación del Escudo Azul y el código QR que cuenta su historia. Solo falta que los arequipeños comprendamos que la división física y cultural que marcó Santa Marta debe verse como una transculturación que enriquece, desde lo urbano, nuestra identidad.

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