Ciclistas peregrinan para ver al Señor Cautivo de Ayabaca

Veinticinco ciudadanos emprendieron un viaje de 220 kilómetros por el bosque seco, pistas, trochas y montañas en la sierra de Piura para ver la imagen del Señor Cautivo.

Veinticinco ciudadanos emprendieron un viaje de 220 kilómetros por el bosque seco, pistas, trochas y montañas en la sierra de Piura para ver la imagen del Señor Cautivo.

El ritmo cardiaco aumenta. El sol piurano es abrazador. La respiración se acelera. El sudor brota con cada kilómetro recorrido. Los pedales firmes. Las máquinas en óptimas condiciones. La consigna: llegar a Ayabaca y agradecer y orar al Señor Cautivo por el peregrinaje en bicicleta. Y es que 25 piuranos emprendieron una travesía a lo largo de unos 220 kilómetros de bosque seco, pistas, trochas y montañas en la sierra de Piura.

Días después de fiesta y procesión del 12 y 13 de octubre, la provincia de Ayabaca vuelve a su tranquilidad campesina alrededor del Cautivito. Esto es aprovechado por los deportistas del Club de Ciclismo Team Piura Bike, quienes deben prepararse en los meses previos con buena alimentos, buen sueño y mucho ejercicio. La resistencia y la voluntad juegan un papel fundamental: lo hacen desde el 2002.

La aventura comenzó el 20 de octubre en la capital piurana a las 7 de la mañana. La primera parada: Tambogrande. Todos van juntos, en pelotón, alineados a un lado de la pista. Allí se descansan unos 20 minutos, mientras se reagrupan. Luego prosiguen a Las Lomas. El clima es seco, de mucho sol y vendavales que, con la experiencia, los ciclistas deben afrontar en velocidad y fuerza de piernas y brazos. Al llegar al cruce de Sajinos, en Paimas, viene otro descanso, cerca de las 12:30 de la tarde. El almuerzo es el mejor premio.

Los cuerpos, sobre todo las piernas, empiezan a sentir el impacto del recorrido. Pero deben proseguir. El próximo pueblo es Montero, en la sierra ayabaquina, un hermoso valle de cerros frondosos de ceja de selva y tres quebradas que forman el río Quiroz.

"Ahí las autoridades nos brindan el hospedaje, una parte de los peregrinos en bicicleta pernoctan en el pueblo y otro grupo va a pernoctar en un tambo del caserío Chonta. Así termina el primer día", cuenta Gonzalo Pintado, uno de los más experimentados miembros de Team Piura Bike.

El segundo día, 21 de octubre, es la última y más dura subida hacia Ayabaca, terreno a más de 2 700 metros sobre el nivel del mar. Los paisajes son hermosos, pero sobre todo el ánimo que les brinda la gente de los caseríos que van pasando.

"Obsequian granadilla o jugo de caña y plátano de cera (muy ricos y nutritivos), aprovechamos para tomarnos fotos, darnos un baño con las caídas de agua en el sector Remolinos. Tras cinco horas, llegamos a Ayabaca", explica José.

La extenuación, el dolor de piernas, los calambres se confunden con las palabras de aliento: "sí se puede, gracias a Dios, gracias al Cautivo". Este peregrinaje se convirtió en un ejemplo de que se puede hacer turismo. La idea, dice José Pintado, es fomentar el uso de la bicicleta como medio de transporte ecológico para conocer las costumbres de los pueblos del norte del Perú.

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