Toledo entre la esperanza y una decepción más

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@larepublica_pe

31 Jul 2001 | 14:00 h

Desde ayer el Perú tiene un nuevo presidente. Como en toda la historia de la república, después de las ilusiones y promesas electorales, la palabra encendida del triunfador cede su lugar a un discurso lleno de prudencia porque la realidad tiene muy poco que ver con las ilusiones. Si tomamos en cuenta las lecciones del pasado, la decepción está al borde del camino y cien días después se multiplica. ¿Romperá Alejandro Toledo la tradición de una decepción más? Desde que tengo clara memoria política los fríos hechos fueron los siguientes. 1. El primer gobierno de Belaúnde (1963-68) fue un desastre y terminó con un golpe de estado. Su reformismo no pudo con el Perú. 2. El gobierno del general Velasco Alvarado (1968-1975) fue una sorpresa. Todos esperábamos una dictadura militar como la de Odría, pero nos encontramos con lo que él llamó un gobierno "revolucionario antiimperialista, cristiano". Como buen general dio la orden de hacer la revolución y esperó que todo el mundo la acate sin dudas ni murmuraciones. El y sus funcionarios civiles estaban convencidos de que las revoluciones se hacen desde arriba. Sus medidas en contra de los terratenientes y los burgueses desembalsaron la represa colonial y abrieron el camino tanto para Sendero Luminoso como para el proceso de lucha por la democracia. Sendero está vencido y el sistema democrático avanza lentamente. 3. El nuevo dictador, general Morales Bermúdez trató de desmontar las medidas reformistas de Velasco, persiguió a los dirigentes sindicales, ordenó la muerte de mucha gente y no tuvo más remedio que convocar a elecciones para irse con un gramo de limpieza en el rostro. 4. El segundo gobierno de Belaúnde no podía ser distinto al primero. Elegido democráticamente, fue, si duda, uno de los gobiernos más represivos. Las tumbas que ahora aparecen por todas partes fueron en parte cavadas en su tiempo. No pudo con la crisis, sólo la agravó. 5. El Sr. Alan García ocupó la presidencia en 1985, en olor a multitudes y con la esperanza de una gran parte del pueblo peruano. Por su monumental ineptitud y por su corrupción, ya sabemos como terminó. Nunca la crisis peruana fue más crisis que en tiempos de aquel señor. 6. Alberto Fujimori en los diez últimos años acabó con la vida institucional. De ese caos sólo queda, felizmente, algo de dignidad y de honradez. Era un japonés y gobernó como peruano, dirigió una extraordinaria mafia con el fantástico apoyo de Montesinos, un ex capitán traidor convertido en jefe supremo de las fuerzas armadas. Puso en venta el Perú a precio de ganga. Su última lección de cobardía fue huir al Japón. ¡Vaya herencia la que recibe Alejandro Toledo! !Qué desafío! Llegó al poder encabezando con coraje una oposición en serio a Fujimori, apelando a su condición de cholo e indio terco, reclamando una inédita influencia en la política peruana: PachaKutiq, el forjador del imperio incaico, y pidiendo apoyo a los Apus y a la Pachamama. En el momento de formar su primer gabinete Toledo recordó sus largos años en el Banco Mundial y dejó de lado su promesa de formar "un gobierno de todas las sangres". Optar por un equipo económico como el de Kuczynski ñque sería un ciudadano norteamericano, único en el mundo por tener doble nacionalidadñ significa postergar o renunciar a la promesa de un "gobierno de todas las sangres". Los símbolos étnicos, el recuerdo de Pachacutik y la ceremonia espectacular que tendría lugar hoy, domingo 29, en Machu Picchu, hasta ahora han sido un eficaz instrumento para ganar las elecciones y para forjar la imagen mundial de un presidente distinto a los demás. Debemos suponer de buena fe que Alejandro Toledo es consciente del desafío personal que asume y de la incompatibilidad entre un cholo rebelde con ideas y fuerza para cambiar el país y un leal funcionario del capital. Hay, seguramente, millones de peruanos y peruanas que tienen firmes esperanzas en Toledo. Son las personas de abajo, de color llamado "modesto", los cholos y cholas anónimos del Perú que ven sus rostros y sus vidas de vendedores de caramelos y lustrabotas en el rostro y en la historia de Toledo. Hay otros miles de peruanas y peruanos, herederos directos de Pizarro que viven con el alma en Miami, horrorizados ante el peligro que representaría para el Perú un gobierno de alguien que habla mal el castellano. No debiéramos olvidar que las clases dominantes arcaicas y reaccionarias del Perú y sus intelectuales y funcionarios no perdonan a los cholos, sobre todo, su falta de dominio del castellano. Los desprecian y con su estructural hipocresía se aproximan, alaban y fingen relaciones horizontales con los cholos que llegan a gobernar. Recordemos que Toledo no es el primer cholo presidente del Perú.