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El Informante: El perseguidor, por Ricardo Uceda

Ricardo Uceda

@larepublica_pe

09 Mar 2021 | 3:18 h
El autor. Por diez años investigó a César Acuña, quien llegó a decir que el periodista estaba obsesionado con él. Foto: difusión
El autor. Por diez años investigó a César Acuña, quien llegó a decir que el periodista estaba obsesionado con él. Foto: difusión

En Plata como cancha, el libro de Christopher Acosta sobre los incidentes más escabrosos del candidato César Acuña, el periodismo de investigación da en el blanco sin consignas ni preferencias políticas.

Aunque no figura entre los favoritos para ser presidente, César Acuña es un político principal en el Perú desde hace quince años. Construyó un partido, lo que no es poco decir. En 2016, dos acusaciones de plagio lo desprestigiaron como candidato pero se recompuso para el 2021. Desde que asumió como alcalde de Trujillo (2006-2014), fue objeto de seguimiento por parte del periodista Christopher Acosta. Su primer hallazgo, aparecido en la revisa PODER, fue que el entonces burgomaestre regalaba el dinero estatal para obtener prosélitos y votos. La caja municipal era manejada por una funcionaria de su confianza, tan íntima como para que recibiera, según célebre foto, besitos en la boca en una reunión social.

Acosta acaba de publicar Plata como cancha (Penguin Random House, 2021), un libro que dice revelar los secretos, la impunidad y la fortuna de César Acuña. ¿Por qué impunidad? Porque documenta las principales denuncias en su contra y, sobre todo, la manera en que las neutralizó.

Un perseguidor

Conocí a Acosta en 2009, cuando él tenía 25 años y conducía el suplemento económico del diario La Industria de Trujillo. Me lo recomendó como reportero David Rivera, entonces director de PODER. Acosta hizo la investigación de campo de un destape que por entonces hicimos en la revista sobre matanzas de delincuentes por parte de la policía. Tenía intuición, talento para advertir el panorama de un trabajo largo, captar sus objetivos y sus plazos. Podía trabajar solo, sin necesidad de ser monitoreado, con la frialdad de quien no ataca por un motivo personal.

–Es un halcón– me dijo años después Juan Carlos Ortecho, ahora en RPP, quien trabajó un tiempo con él en la agencia INFOS.

Acosta vio tempranamente los puntos débiles de Acuña, aunque la presa no era un indefenso pajarillo. La mención de sus características personales tiene aquí sentido porque explica el seguimiento implacable que hizo el autor de la vida pública del personaje. Al punto que varios de los hallazgos de hoy fueron de algún modo adelantados por él mismo en diversas publicaciones –luego de INFOS estuvo en PODER, El Comercio y Latina TV– y en el libro vuelven como un dictamen forense, con información para el recuerdo.

Asuntos de familia

Una parte de los incidentes reportados son pleitos familiares. Destaca la disputa entre César Acuña y su hermano Virgilio, quien lo denunció por haberse apropiado de su parte en la Universidad Señor de Sipán, en Chiclayo. Un acuerdo extralegal, que selló para siempre los labios del reclamante, terminó con la controversia. Son descritos también los conflictos con su exesposa y sus posteriores parejas. En varios momentos afrontó denuncias graves que llegaron a hacerse públicas: violación, violencia familiar, malversación. En cada caso un oportuno pacto le permitió seguir siendo una figura pública con las cualidades para ser presidente.

Otro acuerdo extrajudicial le permitió conjurar la controversia con su profesor Otoniel Alvarado por haberle plagiado un libro. Acosta brinda la historia no contada de la rendición del denunciante, quien a cambio de una indemnización, no reconocida como tal, callará para siempre. En el documento Alvarado no llegó a aceptar pedirle disculpas por las molestias causadas al pagador. Tampoco, durante la firma, quiso estrecharle la mano.

Veracidad y pruebas

Entre las actuaciones inescrupulosas figura la falta de pago a quien le alquilaba el local de su academia universitaria en Trujillo y el trasvase de recursos de la UCV al partido que fundó, Alianza para el Progreso. Independientemente de que las denuncias no hayan pasado a mayores en el Poder Judicial, ya fuera porque hubo un acuerdo con el supuesto agraviado, o porque el llamado Hombre del Maletín, Luis Alberto Valdez –su asesor de confianza, hoy congresista– fue muy efectivo en los litigios, el libro convence por su veracidad. Esta cualidad es producto de la documentación y de las fuentes.

Cada afirmación está basada en pruebas. Acosta recurrió a la búsqueda documental –cincuenta pedidos de acceso a la información pública en el caso de las subvenciones municipales–, al reporteo de campo y a las fuentes confidenciales. Por eso su libro no emplea el condicional y logra apariencia de veracidad. Aun tratándose de casos conocidos la mayor parte de la información es inédita. Acuña, quien en algún momento ha dicho que el autor está “obsesionado” con él, no brindó descargos cuando fue requerido.

Jugada de Messi

Era desconocido, por ejemplo, que la Universidad Complutense llegó a la convicción de que la tesis que Acuña presentó para obtener su grado de doctor había sido plagiada, o por lo menos no cumplía con los debidos cánones académicos. Los dictámenes informáticos a los que recurrió una investigación interna encontraron un abuso del copia y pega. Los expertos consultados descalificaron la obra. Sin embargo, dos carísimos abogados de Madrid contratados por Acuña voltearon el pastel. Uno de ellos fue Enrique Bacigalupo, eminencia en medios académicos y también en el mundo del fútbol, pues libró a Leo Messi de imputaciones por defraudación tributaria. Total, la universidad no pudo retirarle el título por cuestiones procedimentales.

El aporte del libro, en suma, no es brindarle a un magistrado munición para procesar por tal o cual asunto al postulante presidencial de Alianza para el Progreso. Es que ayuda a conocerlo tal como es. Como lucen las cosas en el Perú, quizá esto sea más importante que estudiar el plan de gobierno de un candidato. Acuña ha sido víctima de una investigación periodística, que como tal no procede de una consigna ni animadversión política. Le he escuchado decir al autor de Plata como cancha que Acuña le cae bien. Podría añadir que a mí también.

(*) El autor es director ejecutivo del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), con el que Christopher Acosta colabora en proyectos para apoyar el periodismo de investigación en América Latina.

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