Consumar el referéndum

La invitación capciosa del voto inválido.

Editorial Editorial
14 Ene 2020 | 5:30 h

Hasta ahora, los únicos beneficiados con un alto porcentaje de votos blancos y viciados han sido los partidos que recibieron una baja votación y que, gracias a esos votos, pudieron salvarse de la pérdida de la inscripción legal. Ese parece ser el sentido de la invitación al voto inválido en estas elecciones, una propuesta mal argumentada desde la legislación electoral, los números y los efectos políticos.

Por otro lado, como se sabe, la Ley Orgánica de Elecciones dispone que los votos inválidos, blancos y viciados, no formen parte del cómputo general, de modo que a más votos inválidos será menor la adhesión electoral –la torta de la representación– a distribuir. Por esa razón, un alto número de votos inválidos opera como una forma de distorsión de la voluntad popular debido a que algunos grupos obtienen más representación por los votos recibidos. Eso sucedió en las elecciones del año 2016, en las que el fujimorismo obtuvo el 19% de votos en relación al padrón electoral, aunque terminó con el 56% de votos válidos, o en Arequipa, el año 2018, en las que los votos inválidos favorecieron la elección del actual gobernador Elmer Cáceres.

La propuesta en favor del voto inválido afirma que a más porcentaje de electores que no se expresen en favor de un partido, crece la posibilidad de llamar la atención del poder para que este cambie. Esta es una visión conformista y paternalista que cree que los opositores a los cambios se asustarán por un alto número de votos inválidos y de buena gana asumirían la reforma. Desliza además la idea de la inutilidad de los programas y el debate, cifrando el éxito en el buen corazón de la clase política actual, presumiendo que entregará el poder sin batalla.

Eso no es cierto. Los ciudadanos tienen la obligación de consumar los cambios que se iniciaron con el referéndum del 9 de diciembre del 2018, eligiendo una nueva representación parlamentaria que garantice la reforma, sin ilusionarse con la generosidad de un liderazgo que ha demostrado que se resiste a cualquier innovación porque sus intereses son distintos, más cerca de ‘Los Cuellos Blancos’ que de la democracia.

Lo que corresponde en esta hora es no dar tregua a la corrupción, convencidos de que la etapa que se inicia con el referéndum del 2018 y la disolución del Congreso es de una activa participación de la sociedad para garantizar la satisfacción de una agenda plural que no puede dejarse librada a la supuesta ilusión de lograr el 66% de votos inválidos. Eso no es utopía, es un favor al pasado.