El cielo se está nublando

“Quienes han dirigido a nuestros países en estos dos siglos, por lo general, se han creído únicamente occidentales, avergonzados del lado no occidental”.

RONCAGLIOLO
Rafael Roncagliolo
21 09 2019 | 02:05h

En una fallida aventura arqueológica, doce países quieren resucitar el Tratado Interamericano de Alianza Recíproca (TIAR), firmado en 1947, para enfrentar cualquier amenaza extra continental, en el marco de la Guerra Fría. Su inutilidad, para América Latina, quedó demostrada, de modo contundente, con la Guerra de las Malvinas. Y es invocado ahora, entre otros, por el saliente gobierno argentino. Cuando casi toda la región está empeñada en que termine la dictadura de Maduro en Venezuela, pero no a costa de aventuras armadas.

Felizmente, el Perú no ha suscrito la convocatoria y se ha abstenido en la votación dentro de la OEA: señal de consecuencia y de sentido de los tiempos que vivimos.

Pero los doce gobiernos que, en minoría, lo han hecho, parecen creer que este mundo seguirá siempre igual. Ignoran lo obvio: “El mundo está cambiando y cambiará más”. Estos países abren peligrosamente la posibilidad de una invasión militar en la propia América del Sur.

Sin embargo, dos declaraciones recientes deberían llevar a entender el cambio de época que estamos viviendo.

La primera proviene del expresidente de España Felipe González, quien ha observado que “el capitalismo triunfante está destruyéndose a sí mismo”. Con plena razón, González atribuye tal autodestrucción a la creciente desigualdad y a la anomia internacional. “La sostenibilidad de este modelo económico –ha dicho- va a fracasar. Las sociedades no soportarán una nueva crisis”. Lo que vale para el mundo, y vale, cómo no, para el Perú. Los peruanos tampoco soportaremos una nueva crisis.

La segunda declaración corresponde al actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien ha expresado que “estamos sin duda viviendo el fin de la hegemonía occidental en el mundo”. Y ha agregado que transcurre una “crisis sin precedentes de la economía de mercado”, que no hay cabida para “equivocaciones estratégicas y cambios de rumbo de los que Washington es en parte responsable”. Macron pronunció estas palabras aludiendo a las consecuencias de la Guerra Fría, a la innecesaria confrontación europea con Rusia, y a los desastres generados por las guerras contra Irak, Siria y Libia. Lo dijo antes de la apelación al TIAR, que parece confirmar la tozudez de Trump.

Los latinoamericanos descendemos de occidentales, aborígenes, africanos, incluso asiáticos. Pero quienes han dirigido a nuestros países en estos dos siglos, por lo general, se han creído únicamente occidentales. Por eso, la expresión del presidente Macron les puede sonar estrambótica. A pesar de que la economía, la política y la cultura son cada vez más globales y menos sujetas a la mal supuesta superioridad de los blancos.

Al mismo tiempo, formamos parte, aunque subordinada, del mundo capitalista. El comunismo ha sido una pesadilla y una amenaza. Pero su derrumbe no significa que desaparezca la aspiración de la humanidad hacia una mayor igualdad. En esta aspiración, creciente e irrenunciable, reside el cambio de época que hace falta entender, en el Perú y en el mundo. Vivimos el final de la prepotencia occidental y del “cholo barato”.