SIFUENTES

O ellos o nosotros

Marco Sifuentes
01 Sep 2019 | 0:55 h

Al fujimorismo se le dio la oportunidad de irse gentilmente hacia la quieta noche. De asumir con sabiduría que había llegado el momento correcto para apagar la luz. Es más, podrían haberse sumado a la propuesta de “irse todos”, haber capitalizado esa salida, haberla asumido también como propia, como parte de un proceso de maduración política. La semilla de una futura reencarnación. De esa forma habrían forjado para sí mismos –dentro de algunos años, llegado el momento de la evaluación histórica– una imagen, sino benévola, por lo menos no despreciable, como la actual. No aprendieron la lección del Congreso del año 2000, lleno de topos y tránsfugas, que, sin embargo, será recordado por haber facilitado la transición democrática y haber posibilitado la sanción de los corruptos de los 90. En cambio, los actuales legisladores no tienen la menor perspectiva de su rol histórico. Este Congreso se ha decidido, irracionalmente, por la rabia.

Esta columna no va a caer en el cliché absolutista de negar que existen fujimoristas de alguna manera “inocentes”. Congresistas al margen de las acciones de eso que cada vez más se comportan –veamos, solo esta semana, el asunto de la quema de documentos– como una mafia. De hecho, los que se encuentran fuera de la cúpula son la mayoría: de los 73 congresistas originalmente electos por Fuerza Popular, solo el 15% estaba inscrito en el partido.

Dentro de FP hay una cúpula que es la dirigencia partidaria, íntima, de Keiko Fujimori. Los que muy probablemente tengan que perder con las investigaciones fiscales y los procesos judiciales. Los que no están jugando a la política, sino a la impunidad. Los que no piensan en la siguiente elección, sino en la próxima imputación. Aquellos cuyo objetivo ya no es ganarse la voluntad popular, sino torcer las decisiones judiciales. Sería una ingenuidad decir que ellos son los que han desperdiciado la oportunidad de adelantar las elecciones. Esta gente –abiertamente cómplices de toda una trama de obstrucción de la justicia– sabe que tienen dos opciones: o la cárcel o dinamitar todo.

Pero ese 85% restante sí tuvo su oportunidad. No la tomó porque quizás le tienen más miedo a los gordos expedientes que tienen de ellos. O quizás porque saben que nunca más volverán a pisar el Congreso y prefieren gozar de gollerías un añito más. Sea como sea, tomaron su decisión. Contra ellos, contra los que no supieron apreciar una mano tendida, también será la marcha de este jueves 5 de setiembre.