Las turbas

La inversión y el respeto a los ciudadanos.

Editorial Editorial
25 08 2019 | 00:56h

En los últimos días se han reiniciado las protestas en la ciudad de Arequipa contra el proyecto Tía María, aunque las que se llevan a cabo en el Valle de Tambo no han cesado desde que se iniciaran en julio. Por ahora, estas manifestaciones son pacíficas porque, a tenor de las declaraciones de los dirigentes, no desean que las protestas se criminalicen o porque existe un resguardo policial que evita el cierre de las principales vías de comunicación.

Las protestas continúan a pesar de la decisión del Consejo Nacional de Minería de retirar la licencia de construcción entregada a la empresa. Los dirigentes insisten en una resolución definitiva por parte del Gobierno, en tanto que la empresa no ha variado su estrategia, es decir, la campaña de los arequipeños que quieren a Arequipa contra los que, se supone, no la quieren, y otras medidas legales que exacerban las tensiones.

Algunas de las críticas a la gestión del conflicto por parte del Gobierno son atendibles, especialmente la poca consistencia de las decisiones. En cambio, son reprobables las expresiones que califican a los ciudadanos como una “turba”, junto a los llamados al Gobierno a que imponga por la fuerza el proyecto, a pesar de no contar con la licencia social, dando a entender que no importa mucho si algunos miembros de la “turba” son heridos o mueren.

En algún momento del conflicto, y a pesar de las advertencias, desde varios sectores del país se planteó la estrategia de convertir el caso Tía María en un símbolo de la confrontación entre la inversión y la agitación, exigiendo a las autoridades que tomen partido por la primera. Los pedidos desde la cúpula de la Confiep a que el presidente brinde “una señal”, o las alusiones a que el presidente tiene miedo, resumen una apuesta política y no empresarial sobre los fines sin que importen los medios.

Los conflictos sociales siempre son un espacio para los agitadores, pero no pueden convertirse a las comunidades en sospechosas de radicalismo sin tomar con seriedad sus reclamos y expectativas, como lo evidencian las recientes encuesta realizadas en Arequipa por Tía María. Por el contrario, este proyecto puede ser un símbolo en un sentido distinto, es decir, que asuma la necesidad de levantar todas las observaciones técnicas y promueva una nueva relación entre la empresa y las comunidades, respetando a los ciudadanos en su calidad de tales, y renunciando al modelo de imposición de la inversión con el costo de vidas. Más de 200 muertos en los conflictos sociales en los últimos años nos interpelan.