Ciencia, tecnología y revoluciones industriales

“La transición al capitalismo informacional ha sido preparada por una tercera revolución industrial, cuyo rostro más conocido es el de las computadoras y de las redes electrónicas”

Nelson Manrique
13 Ago 2019 | 1:10 h

Para comprender la naturaleza del capitalismo informacional es importante entender los cambios en la base material de la producción capitalista que lo han hecho posible. Es decir, situar históricamente la revolución científico-tecnológica que estamos viviendo.

La transición del capitalismo mercantil al capitalismo industrial, operada a fines del siglo XVIII, fue preparada por la incorporación de la ciencia como una fuerza productiva y del desarrollo de una nueva base tecnológica. La ciencia que acompañó a esta primera fase del capitalismo industrial fue la física, y más específicamente un capítulo de esta: la mecánica. A su vez, el diseño de las máquinas se convirtió en un formidable acelerador del desarrollo de la física mecánica. Este es el capitalismo industrial de las fábricas, la máquina de vapor, la locomotora y el carbón. Convencionalmente se fija su origen el año 1776, cuando en Inglaterra se expidió la patente a la máquina de vapor de James Watt, la nueva fuente de energía que movilizó las máquinas reemplazando a la energía humana.

La transición entre esta primera fase del capitalismo industrial, a la que podemos caracterizar como la del mercado de libre competencia, a la siguiente, conocida como la del capitalismo monopólico o imperialismo, fue preparada por una segunda revolución industrial, caracterizada por una nueva organización de la producción fabril basada en la cadena de montaje de Henry Ford y en la “organización científica del trabajo” de Frederick Taylor. La cadena de montaje fue una adaptación de la organización de los mataderos norteamericanos, en los cuales una res que iba a ser destazada era colgada de una cadena e iba siendo movida hacia los emplazamientos en los cuales cada obrero hacía su tarea particular, en lugar de que los trabajadores se aglomeraran en torno a la res. La organización científica del trabajo de Taylor buscaba elevar la productividad de los trabajadores eliminando todo movimiento innecesario en su labor, “coreografiando” su quehacer, utilizando para este fin diversos instrumentos, entre los cuales se contaba la novísima tecnología cinematográfica. Este es el capitalismo movido por los combustibles fósiles, del automóvil, la energía eléctrica y sus infinitas aplicaciones que se desplegó a lo largo del siglo XX. Su base científica fueron la química y otros dos capítulos de la física: la termodinámica y la electromagnética.

La transición al capitalismo informacional ha sido preparada por una tercera revolución industrial, cuyo rostro más conocido es el de las computadoras y de las redes electrónicas. Éstas son, sin embargo, sólo una fracción del espectro de los cambios científico tecnológicos en marcha. La fase industrial del capitalismo puede ser calificada, desde el punto de vista de su base científica, como newtoniana, pues está basada en la mecánica de Isaac Newton. El capitalismo informacional tiene otra base científica, que es la física cuántica y podría ser calificada como einsteniana, por el gigantesco papel desempeñado por Albert Einstein en el desarrollo de la física moderna.

El fundamento científico de la tercera revolución industrial es la física cuántica y esta juega un papel decisivo en el desarrollo de las otras dos ramas que componen el conjunto: la informática y la biotecnología. Una característica decisiva de este nuevo escenario es la convergencia que se entabla entre estas tres ramas técnico-científicas.

Veremos cómo esta nueva base científico-tecnológica condiciona las nuevas formas de explotación en marcha.