La otra copa también se juega en Brasil

Alberto Adrianzén
13 06 2019 | 00:12h

“El futuro de la región, sobre todo de Argentina, Venezuela, Bolivia y Cuba, por lo menos en parte, puede estar jugándose, como la Copa América, también en cancha brasileña”.

La realidad sombría de la región en la cual campeaba una derecha reaccionaria y neoliberal, un sector progresista a la defensiva y una “diplomacia bélica, arrogante, indocta y muy peligrosa” como ha dicho Eduardo Febbre (Página 12: 08/06/19) que se expresaba en nuevos organismos de integración de un solo color ideológico, subordinados al sistema internacional y acoplados a los intereses de EEUU (Alejandro Frenkel), como PROSUR, podría cambiar.  

Y ello por un hecho político, cuyas consecuencias nacionales y regionales son aún difíciles de prever. Me refiero al caso de Lula, en el cual han participado actores tanto internos como extranjeros y que nos muestra que las conspiraciones existen. Ahora sabemos que el juicio y la prisión del expresidente de Brasil ha sido parte de una conspiración política y un atentado a la democracia, que ha tenido como cabeza visible al famoso juez Sergio Moro, hoy ministro de Bolsonaro como “premio” por su “trabajo”. 

Las pruebas de esta conspiración las ha publicado la revista web The Intercept, donde se muestran las conversaciones privadas entre el juez Moro y el fiscal Felton Dallagnol, que investigaron el caso Lava Jato en Brasil, en las que “acuerdan” una estrategia para perjudicar al expresidente Lula. Una primera pieza de esta conspiración fue la destitución (o golpe) de la presidenta Dilma Rousseff por Michel Temer, continuó con el juicio y luego la prisión de Lula con el objetivo de sacarlo de la carrera presidencial, ya que iba primero en las encuestas, para crear así, finalmente, las condiciones para que el candidato de la ultraderecha Jair Bolsonaro asumiera la presidencia en enero de este año. Lula, como sabemos, fue condenado sin pruebas, en medio de una gigantesca y millonaria campaña mediática y de movilizaciones callejeras.

Y si bien el caso Lava Jato mostró una corrupción extendida en Brasil y en toda la región, el caso Lula, en particular, probaría cómo la derecha internacional y mediática han intentado liquidar a la izquierda en ese país y poner fin al ciclo progresista en la región, mediante el uso político de la judicatura y con campañas mediáticas para perseguir y destruir a los adversarios políticos, provocar golpes parlamentarios y ganar elecciones de manera fraudulenta. También, como dijo el propio Lula, estos hechos probarían la participación de los Estados Unidos y su interés por las riquezas naturales como el petróleo, de ahí su necesidad de un gobierno de ultraderecha y neoliberal dispuesto a “vender”, como lo está haciendo el ministro de Economía de Bolsonaro, las riquezas del país. 

Hoy Brasil es una bomba de tiempo donde todo es posible, nuevas elecciones, un golpe militar para derrocar a Bolsonaro e impedir un levantamiento popular, como también un enfrentamiento violento con una derecha que habla de que es necesario un baño de sangre como solución a la crisis. A ello habría que sumarle que las relaciones entre Bolsonaro y el vicepresidente, el general Hamilton Mourao, no son tan cordiales al tener grandes diferencias en varios puntos importantes como las relaciones con EEUU, con la China y la crisis de Venezuela. Hoy el futuro de la región, sobre todo de Argentina, Venezuela, Bolivia y Cuba, por lo menos en parte, puede estar jugándose, como la Copa América, también en cancha brasileña.