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La Republica

La necesidad de una autoridad nacional del gas.

En el marco de la XIX Reunión del Consejo Presidencial Andino, se esperaba el diálogo entre el presidente de Perú, Martín Vizcarra, y el de Bolivia, Evo Morales, sobre la importación de gas natural desde Bolivia al Perú, particularmente a Puno. No han trascendido estas conservaciones y solo se tiene la Declaración Conjunta del evento de la Comunidad Andina en la que el bloque regional se compromete a fortalecer el comercio, interconexión energética y desarrollo de tecnología, entre otras iniciativas.

Lo primero que debe indicarse es que la idea inicial sobre que el gas boliviano para Puno estará listo en 8 meses, como lo señaló en enero el gobernador de esa región Walter Aduviri, no será posible, como resultado de un fast track binacional que permita rápidamente tender un ducto desde Desaguadero hasta Juliaca.

Se ha señalado, asimismo, que el gasoducto del sur y el gas boliviano son proyectos concurrentes, aunque bajo la seguridad de que una nueva licitación del gasoducto extenderá la demora hasta el año 2025 mientras persiste la expectativa del sur por el uso del gas, lo que hace muy probable una negociación previa para la importación de gas boliviano antes que la construcción de un ducto con el hermano país.

En medio de esta discusión sobre costos y plazos, el esquema de gas boliviano ha tenido sus primeras críticas y no necesariamente desde el lado técnico. El sector fujimorista de la diplomacia peruana cree que se propicia una indeseable dependencia energética con ventaja para un país que es factor crítico –no llegan a decir incómodo– de los intereses geopolíticos del país. Curiosamente, es el mismo sector que sugiere o aplaude la inversión en el Perú de otros países, inclusive en áreas sensibles.

La reacción más destemplada ha provenido, coincidentemente, del vocero de Fuerza Popular en el Congreso, Carlos Tubino, que ha señalado que Bolivia nos ofrece “lo que tenemos en abundancia en Camisea”, que “nos hipotequemos a los vecinos” y que, por tanto, deberíamos rechazar la oferta boliviana.

En este punto del debate, es necesario la mayor transparencia de las autoridades. Es cierto que no tienen asidero los prejuicios ideológicos contra el gas boliviano, pero se precisa alcanzar una propuesta integral que no deje sin gas al sur del país, ampliando el abanico de las opciones, sin descartar ninguna, incluyendo la importación, el subsidio para el consumo domiciliario, el encadenamiento de ductos de ambos proyectos si fuese necesario, potenciados con la creación de una autoridad nacional del gas.