Autogolpe con samba

Raúl Tola
25 May 2019 | 1:00 h

“Este nuevo imitador de Fujimori gobierna el país más grande e influyente de América del Sur, cuanto haga tendrá consecuencias regionales...”.

Hace unos días, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, compartió en redes sociales un texto anónimo donde se aseguraba que su país era «ingobernable» y que buena parte de la culpa la tenían instituciones como el Congreso y el Poder Judicial, que obstruían sus intentos de gobernar. La opinión se difundió a gran velocidad, animando a sus seguidores más radicales a organizar marchas de protesta por todo el país y a hablar sin pudor de «incendiar Brasilia» y «cerrar el Congreso y el Supremo Tribunal Federal».

El fantasma de un autogolpe comenzó a sobrevolar Brasil. En vez de frenar estas manifestaciones, Bolsonaro las animó y dijo que se sumaría a la protesta. Como es su costumbre, de pronto cambió de parecer, dijo que no iría a la marcha, pidió a sus ministros que tampoco lo hicieran y visitó al presidente del Supremo Tribunal Federal para tranquilizarlo. Una ambigüedad que más se parece a la hipocresía.

El libreto de Bolsonaro lo conocemos de memoria los peruanos. Siguiendo el ejemplo que Alberto Fujimori inauguró el 5 de abril de 1992, el presidente del Brasil quiere aprovechar el descontento ciudadano para cargar contra la democracia, desmontar la separación de poderes, desaparecer el control interinstitucional y gobernar a su antojo.

A Fujimori el autogolpe le sirvió para sentar las bases de un proyecto autoritario que pretendía perpetuarse por décadas en el poder. Bolsonaro lo necesita para enfrentar el avance de las investigaciones por corrupción contra su hijo mayor —el senador Flavio Bolsonaro—, las masivas manifestaciones contra los recortes en la educación, la falta de progresos de la economía brasileña y la caída de su popularidad al 35%.

El problema con personajes como Bolsonaro (o Trump) es que cuesta tomárselos en serio. Solo cuando es demasiado tarde se descubre que aquellos comportamientos que parecían extravagantes o esperpénticos eran potenciales peligros. Como se viene demostrando, las inconsistencias del presidente del Brasil le sirven para maquillar su intención de acabar con la democracia de su país, un obstáculo para dar rienda suelta a su megalomanía y para que su círculo íntimo salga impune.

Bolsonaro representa un peligro más allá de las fronteras del Brasil. Este nuevo imitador de Fujimori gobierna el país más grande e influyente de América del Sur, cuanto haga tendrá consecuencias regionales y, sin duda, se dejará sentir en el Perú.