Alan García también enfrentó a delatores en su primer gobierno

01 May 2019 | 5:00 h

La misma fórmula. Empresario italiano Sergio Siragusa reveló que pagó coimas al expresidente, y el amigo de este, Alfredo Zanatti, corroboró que recibió el dinero de la empresa Tralima que construiría el Tren Eléctrico.

Como dos gotas de agua. ¿Cuentas secretas en el extranjero? ¿Amigos íntimos usados como testaferros? ¿Pago de coimas en Palacio de Gobierno? Lo confesado hasta el momento por Miguel Atala Herrera y José Antonio Nava sobre la forma en que Odebrecht pagó sobornos al exmandatario Alan García se parece mucho a la manera en que este recibió pagos ilegales en su primer gobierno. Como en el pasado, durante las investigaciones también se obtuvieron declaraciones incriminatorias de los cómplices de la trama de corrupción.

Fueron el italiano Sergio Siragusa Mule, representante de la compañía Tralima, a la que el gobierno aprista le adjudicó la construcción del Tren Eléctrico, y el empresario Alfredo Zanatti Tavolara, quien cumplió el mismo papel de Josef Maiman en el caso del expresidente Alejandro Toledo.

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Toma la tuya

El primero de febrero de 1994, ante la comisión investigadora del caso del Tren Eléctrico, Siragusa relató a los congresistas que personalmente entregó a García en Palacio de Gobierno 200 mil dólares y transfirió otros 840 mil a cuentas en el Barclays Bank, en sus oficinas de Nueva York y Gran Caimán. El italiano precisó que los números se los dio el mismo García y entregó los documentos que acreditaban los pagos. El dinero era una coima a cambio de haber recibido la compañía italiana Tralima la adjudicación de la obra. La comisión investigadora verificó los desembolsos de dinero sucio.

El miércoles 26 de abril de abril de 1995, el gobierno de Alberto Fujimori hizo público que Alfredo Zanatti había sido ubicado y extraditado al Perú y que el empresario había accedido a enfrentar a la justicia. Lamentablemente, después del golpe de Estado del 5 de abril de 1992, Fujimori y Vladimiro Montesinos tenían bajo control el Ministerio Público y el Poder Judicial, y Alan García se encontraba exiliado. La politización del caso hizo que el proceso por corrupción pareciera una persecución. En todo caso, lo cierto es que las declaraciones de Alfredo Zanatti fueron una confirmación de lo que había manifestado Sergio Siragusa sobre la recepción de coimas por parte de la constructora italiana Tralima en las cuentas del Barclays Bank en Nueva York y Gran Caimán.

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Zanatti confirmó que ya en el exilio se comunicaba con García y que este le reclamaba que le entregara en partes el dinero de Tralima, así como el expresidente exigió a su amigo el empresario Miguel Atala Herrera, quien recibió los sobornos en una cuenta en la Banca Privada de Andorra (BPA). El 30 de octubre de 1992, García le escribió a Zanatti: "Apreciado amigo: recibí hace dos meses tus noticias. Perdí tu rastro. No te pierdas. Entiendo la situación. Esperaré. Pero ahora me es imprescindible. Urgente, algo. Creo que con 80 (mil dólares) podría salir de aprietos por los próximos tiempos hasta solucionar lo nuestro. Sería muy importante eso (80). Te ruego contestar. Abrazo".

García había acordado sacarles el jugo a los sobornos de Tralima invirtiendo en la adquisición de aviones para vuelos comerciales, puesto que Zanatti era propietario de la línea aérea Faucett.

En una de las cuentas en las que Siragusa transfirió los sobornos, y que estaba a nombre de la compañía Worldwide Financial Holdings, no solo se confirmó la existencia de los pagos sino otros depósitos por más de 6 millones de dólares.

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La comisión investigadora estimó que ese dinero era parte de los 25 millones de dólares que recibieron las empresas de Zanatti mediante el mecanismo de Dólar MUC, un programa de venta de divisas subsidiadas por el gobierno de García supuestamente para promover la inversión. Zanatti, íntimo amigo del exjefe de Estado, fue uno de los mayores beneficiados por dicho programa económico.

A diferencia del caso Tralima, en que lo persiguió un régimen dictatorial, esta vez a Alan García lo investigaron autoridades de un sistema judicial de un gobierno democrático. Y los confesores Atala y Nava fueron miembros de su propio entorno íntimo. El suicidio no fue impedimento para que dijeran la verdad. 

Quiso retractarse, pero no lo consiguió

- Restablecida la democracia, Alfredo Zanatti Tavolara pretendió desvirtuar lo que había declarado en 1995 ante las autoridades. Alegó que había sido secuestrado por el régimen de Fujimori y Montesinos y chantajeado para imputar falsamente a Alan García Pérez.

- Sin embargo, Zanatti en su declaración se limitó a ratificar lo que había manifestado no solo el empresario italiano Sergio Siragusa Mule sino una serie de testigos, varios de su entorno, que corroboraron que actuó como testaferro del exjefe de Estado aprista.

La historia se repite

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Por el caso Tralima, los delatores Sergio Siragusa Mule y Alfredo Zanatti Tavolara fueron claves para descubrir la trama de corrupción del primer gobierno aprista.