La justicia de los hombres

Raúl Tola
20 Abr 2019 | 1:08 h

“Este acontecimiento íntimo y violento no puede echar sombras ni entorpecer el trabajo de los fiscales que persiguen la corrupción”.

La abrupta muerte de Alan García ha contribuido a nuclear una visión de la política que comenzó a forjarse durante su último gobierno y terminó de cuajar en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2011. En ella se integran el fujimorismo, el Apra y otras fuerzas residuales, cada vez más vinculadas con el conservadurismo religioso y las prácticas autoritarias, que al enfrentarse a las investigaciones por corrupción del caso Odebrecht se han mostrado capaces de alentar un quiebre institucional.

Aprovechándose del luto, los operadores de esta facción han lanzado unas afirmaciones temerarias, culpando de la muerte de García al sistema de justicia, al gobierno de Martín Vizcarra, al periodismo de investigación y a sus enemigos políticos. En ellas se mezclan comprensibles afinidades personales con cálculos más bien perversos, que ignoran a propósito la separación de poderes y parecen exigir que los ímpetus y formas de la lucha contra la corrupción se ejerzan selectivamente.

No han faltado las personas que no aparecían en esta fotografía y que, aprovechando el final de Alan García, han decidido sincerarse, sumando sus voces a un discurso que no puede ser pasado por agua tibia, sino combatido frontalmente como lo que es: un esfuerzo por capitalizar una tragedia personal para conseguir la impunidad de una clase política lastrada por la corrupción y la falta de escrúpulos.

El último representante de este cambio de sentido ha sido Alfredo Barnechea, que durante el velorio de García habló de la necesidad de acabar con la «mafia judicial» y de regular al «cártel mediático». ¿Alguien inteligente y bien informado como Barnechea cree realmente en estas invenciones conspirativas? ¿Por qué apuesta ahora por estrechar sus cercanías con el aprismo aliado al fujimorismo? ¿Porque piensa que una aventura presidencial desde esa plataforma es más viable que desde Acción Popular?

Felizmente, la consolidación de este discurso ha tenido su contraparte. Aunque impactados por el suicidio de García, quienes defienden la necesidad de mantener el proceso anticorrupción en marcha no se han movido un milímetro de sus posiciones. Resulta evidente que componen una vasta mayoría de la población que respalda el trabajo del equipo especial Lava Jato y que exige que no cesen los destapes del periodismo de investigación, que tanto han ayudado a la profilaxis de los últimos meses.

Al ponerle fin a su vida, Alan García escogió que fuera la historia y no los tribunales quien lo juzgara. Pero este acontecimiento íntimo y violento no puede echar sombras ni entorpecer el trabajo de los fiscales que persiguen la corrupción que campó durante las últimas décadas en nuestro país. Todavía quedan fechas clave como el inminente interrogatorio a Jorge Barata, que ayudará a cerrar numerosos casos que esperan a ser sometidos a la justicia de los hombres. Que ésta no se detenga.