Reforma política y gobernabilidad

Alberto Adrianzén
4 04 2019 | 01:39h

“Lo que importa es decir que estamos frente a un informe que merece ser debatido públicamente, pero también que requiere de mayor consenso ciudadano”.

Para hacer una mejor evaluación de la propuesta presentada por la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política (CANRP) sería necesario partir de qué es lo que el presidente Vizcarra les pidió a los miembros de la Comisión, más aún cuando había tenido lugar hace poco tiempo un referéndum en el que la mayoría de peruanos se había pronunciado sobre varios temas referidos al sistema político. Una reforma requiere de consensos políticos y sociales para que pueda desplegarse en su totalidad. Y ello no parece haberse tenido muy en cuenta.

Con ello no quiero ni desconocer y menos desmerecer el trabajo de la Comisión presidida por Fernando Tuesta e integrada por reconocidas académicas y académicos. Creo que muchas de sus propuestas son sustantivas, otras discutibles y algunas, para mí, equivocadas. El informe de la CANRP gira en torno a una idea central: cómo fortalecer la llamada gobernabilidad democrática para darle estabilidad y durabilidad a una democracia que hasta ahora ha sido precaria, con partidos débiles, con reglas confusas y corrupta como hoy se constata.

El informe nos propone que para lograr una mayor y mejor gobernabilidad democrática se requiere, por un lado, fortalecer el poder presidencial, es decir, resolver el viejo problema de la política de quién manda: el Presidente o el Congreso, mediante un sistema presidencialista; y por el otro, sentar las bases para un sistema de partidos, con pocos partidos y democratizados internamente. No es extraño, por ello, que 39 de las 75 medidas propuestas, como afirma Alfredo Quintanilla, “tengan que ver con reformas relativas al funcionamiento de los partidos”.

La propuesta se puede resumir en la necesidad de un régimen democrático basado en un presidencialismo fuerte y un Congreso acotado en sus funciones de control del poder presidencial y en el cual operan pocos partidos. Dentro de ella, la propuesta de que la elección parlamentaria se haga en la segunda vuelta presidencial apunta, como hemos dicho, a crear un sistema de partidos en el cual el número de organizaciones políticas con representación en el Congreso se reduzca significativamente. Asimismo, a un Congreso con una mayoría (oficialista) clara y un número también reducido de bancadas. El objetivo es un gobierno estable, con un Congreso oficialista y con pocos partidos participando de la política. Ello me parece equivocado ya que en un país de “minorías”, como es el nuestro hasta ahora, se crearía una “mayoría” política artificial al dejar de lado a otras “minorías”. La consecuencia sería el asedio constante de estas “minorías” a una democracia que más parece una fortaleza inexpugnable. De ahí que no sea extraño que la teoría de la gobernabilidad defina la crisis política como consecuencia “de una participación política ampliada”. 

Y si bien hay otras propuestas polémicas como el regreso de la bicameralidad, tema que rechazó la ciudadanía en el referéndum, lo que importa decir es que estamos frente a un informe que merece ser debatido públicamente, pero también que requiere de un mayor consenso político y ciudadano. Por eso creo que lo mejor sería que nos centremos, en esta ocasión, en la reforma de los partidos y que los temas que modifican el funcionamiento del régimen político se dejen para un próximo Congreso que debería tener atribuciones constituyentes.