Amenaza sodálite en la educación

Sigrid Bazán
27 03 2019 | 01:00h

“No podemos normalizar el abuso contra el cual tanto luchamos, no podemos hacernos la vista gorda cuando el abuso es institucionalizado”.

El Sodalicio de Vida Cristiana sigue siendo una amenaza como organización. No solo por el poder que manejan muchos de sus malos elementos, sino porque, según las denuncias que han salido a la luz, fue gestada por personas que tuvieron el abuso como política principal, algo totalmente normalizado. Por supuesto que se equivocaron, el abuso en varias de sus formas es delito; sin embargo, aún hay lugares a los que nuestra justicia aún no llega. Aún hablamos de impunidad en este y otros casos.

Precisamente por eso es que es importante seguir hablando de ello. Paola Ugaz acaba de publicar esta semana un breve recuento y nuevos testimonios de las denuncias al interior de centros educativos. Gracias a su informe recordamos que uno de los primeros denunciados del Sodalicio de Vida Cristiana por cometer abusos físicos fue Alfredo Draxl. Él era director del colegio San Pedro y fue denunciado por José Enrique Escardó, peruano que alzó su voz de manera valiente sobre los muchos años de abuso físico y psicológico que padeció.

¿Por qué hablar de Draxl? Hace poco –¡este año!– fue nombrado director del Liceo Naval Almirante Guise. Y aunque finalmente tuvo que renunciar debido a la presión, aún nada se ha hecho para proteger a los chicos de este tipo de arremetidas. 

Hasta el día de hoy, las víctimas solo han recibido insultos por parte del grupo religioso y ningún atisbo de querer investigar los hechos. Pero las denuncias no terminaron ahí. De hecho, lo más grave que señala la periodista es que ninguno de los colegios a cargo del Sodalicio (Villa Caritas, San Pedro, Nuestra Señora de la Reconciliación...) ha pasado jamás por una fiscalización del Ministerio de Educación. 

Es así que hasta ahora aparecen nuevos testimonios como el de la abogada Giselle Reátegui, madre de dos niños del colegio San Pedro, que recientemente contó sobre la educación basada en el sometimiento y el miedo que imparten estos centros. 

No podemos normalizar el abuso contra el cual tanto luchamos, no podemos hacernos la vista gorda cuando el abuso es institucionalizado. Las autoridades no pueden seguir reaccionando demasiado tarde.