Dos hitos: Gamarra y La Pampa

Pasaron gobierno tras gobierno, alcaldía tras alcaldía y, salvo una que otra medida temporal e insuficiente, cuando no el reforzamiento o involucramiento con las mafias, todo seguía igual.

Dos de los lugares más representativos de aquello que anda mal en el país y que nos cuesta tanto corregir han sido intervenidos: el emporio comercial de Gamarra en La Victoria, Lima, con toda su informalidad a cuestas, por un lado, y, del otro, ese imperio de la corrosiva minería ilegal que es La Pampa en la selva de Madre de Dios que hoy parece un desierto. En ambos espacios, al fin el brazo del estado y su autoridad se están haciendo sentir y de manera, todo indica, permanente.

En lo relacionado a Gamarra, hablamos de cientos de ambulantes, dirigidos por mafias, que invadían las calles y a quienes 1500 policías hasta hoy les impiden el ingreso para que se cumpla la ley y el lugar no sea el paraíso del caos, de la anomia y de la negligencia. Bien por Forsyth, que está asumiendo este pleito por el espacio público que podría marcar una manera distinta de hacer política.

Con el infierno de La Pampa, ocurre algo similar, el operativo “Mercurio” propiciado por la gestión de Martín Vizcarra ha sido uno de sus pocos aciertos concretos de gestión. Los últimos días de febrero, la PNP y las FFAA desmantelaron decenas de campamentos mineros ilegales en zona de reserva y rescataron nada menos que a 44 mujeres, niñas y adolescentes víctimas de explotación sexual y trata de personas. La autoridad permanece en el lugar, como nunca antes había sucedido.

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