Venezuela: un balance complejo

Diego García Sayán
27 02 2019 | 19:45h

“Salir de estas encrucijadas requiere que los principales actores concernidos se articulen entre sí. Algo se ha avanzado en los últimos días, pero allí parecería estar faltando liderazgo”.

La brega de la sociedad venezolana por la democracia arroja varios positivos: persistencia de la sociedad en la lucha social; señales claras de solidaridad social activa fuera del país (como lo ocurrido el fin de semana pasado en Cúcuta); ampliación del abanico de países que reconocen a Juan Guaidó como interlocutor válido y mayor atención al tema en el medular espacio de la ONU. Esto apunta positivamente en la perspectiva de la democratización.

Hay simultáneamente, sin embargo, otros asuntos pendientes o que pueden acabar enrareciendo el panorama. Vayamos a esto último. Así se observan en las últimas semanas algunos enfoques y planteamientos que no necesariamente refuerzan el camino de la democratización. Tres  ejemplos. 

Uno: un manejo a ratos superficial de referencias –y hasta con llamados públicos– a tropas extranjeras. Que a ratos parecería circunscrita al aspecto “humanitario”, pero que, en esencia, pone las bazas en militares de fuera para salir del desastre. ¡Cuidado! Al margen de si ello se vaya a producir o no, una opción de ese tipo –o la mera reiteración de llamados a ello– puede convertirse en un contraproducente factor cohesionador de una “resistencia” nacional que acabe dándole oxígeno al régimen. Cuidado, también, con algunas voces radicales dentro de la oposición que se ven a sí mismas como una fuerza democrática de carácter continental que daría cuenta no sólo de Maduro sino de los regímenes cubano o nicaragüense. 

Dos: los efectos de sanciones como las de exportación de petróleo, acaso con impacto inmediato para jaquear al régimen (aunque sanciones no suelen tumbar dictaduras). Pero rápidamente pueden profundizar el desastre económico y social y que aumente este año las emigraciones hacia países como Colombia y Perú a donde ya han pasado más de 2’000,000 de venezolanos. De seguir el 2019 ese ritmo podría ello conducir a impredecibles escenarios de tensión y chauvinismo. 

Tres: una comunidad internacional con estrategias muy diferentes en su interior. Que si bien en su gran mayoría apunta a favor de la democratización venezolana, tiene en el “bloque” de EE.UU. y el “grupo de Lima” a su componente más duro y confrontativo, aunque, por cierto, el grupo latinoamericano no avala una intervención militar. 

Por otro lado, la Unión Europea que, con sus diferentes matices, apunta a favorecer una solución política en la que no se excluya la negociación con y entre las partes involucradas. Finalmente, están los aliados internacionales del régimen (principalmente Rusia y China) que tampoco son un bloque homogéneo. Tienen otros motivos para estar interesados en que el país no colapse: son grandes acreedores de Venezuela. 

Salir de estas encrucijadas requiere que los principales actores concernidos se articulen entre sí. Algo se ha avanzado en los últimos días, pero allí parecería estar faltando liderazgo, un trabajo más persistente y objetivos para propiciar un diálogo “en el entorno” del Consejo de Seguridad de la ONU; es decir, no necesariamente en sesiones formales y oficiales. En ello la UE puede ser decisiva.