Saber nos mantiene libres

En tiempos en que la Iglesia católica enfrenta miles de casos de abusos pedófilos, que por fin admiten, en Piura dos juezas se someten a la autoridad eclesiástica. 

En tiempos en que la Iglesia católica enfrenta miles de casos de abusos pedófilos, que por fin admiten, en Piura dos juezas se someten a la autoridad eclesiástica. 

El diario Washington Post emitió un impactante anuncio, durante el Super Bowl, el evento deportivo más sintonizado del año en los EEUU. En esa pieza publicitaria, se enfatiza la importancia esencial de la prensa libre en el funcionamiento de la democracia: “Porque saber nos empodera. Saber nos ayuda a decidir. Saber nos mantiene libres”. ¿Un ejemplo actual? Saber lo que sucederá en Brasil durante los interrogatorios de la fiscalía peruana a los delatores de las empresas constructoras, las cuales sobornaron a varios personajes, presidentes incluidos, de nuestro país. A pesar de que el fujiaprismo está haciendo lo imposible para evitarlo, todo indica que, como dice el titular de Hildebrandt en sus Trece, es el comienzo del fin. Para ellos, claro está. Para la democracia peruana, pese a su precariedad, será un paso significativo.

¿Un ejemplo de lo contrario? Lo que está ocurriendo en Piura en la querella que el obispo sodálite Eguren ha presentado contra Pedro Salinas y Paola Ugaz. La sentencia contra Salinas debe emitirse en marzo y todo indica que le será desfavorable. Dos juezas (Judith Cueva Calle y Estela Alva Pantaleón) han aceptado la querella por difamación. Esto podría ser legal, de no ser porque la supuesta difamación consiste en citar un documental de la cadena Al Jazeera, la cual se ha ratificado en todas sus afirmaciones.

Más aún, el juicio se realiza en Piura, el territorio de influencia del obispo. Lamentablemente, el Poder Judicial, como buena parte del Estado peruano, ignora olímpicamente el significado de la laicidad del Estado (vean los crucifijos en las mesas de los tribunales). Esto es lo que explica que se haya aceptado realizar el proceso en condiciones abusivas y groseramente violatorias de los derechos de los acusados. Están obligados a viajar a Piura para las audiencias, aun cuando los textos por los cuales se les acusa fueron publicados en Lima (un artículo en La Mula en el caso de Salinas, siete tuits en el caso de Ugaz). 

Es obvio que la reputación del prelado sodálite no va a cambiar como resultado del juicio. Por lo tanto, queda claro que el propósito es otro: amedrentar a los autores del célebre libro Mitad monjes, mitad soldados. Y a cualquiera que se atreva a investigar y denunciar los abusos de esa organización. En tiempos en que la Iglesia católica enfrenta miles de casos de abusos pedófilos en todo el mundo, en que por fin está admitiendo que sus víctimas son incontables, en la tórrida Piura dos juezas se someten a la autoridad eclesiástica y atropellan derechos elementales de dos periodistas valientes. 

Pedro Salinas ha narrado exhaustivamente las vejaciones psicológicas y físicas de las que fue objeto en los años que pasó en el Sodalicio. Lo que le están haciendo en el juzgado de Piura es, por eso, particularmente violento. No hagamos como el Vaticano, que ante la situación de Venezuela ha anunciado que adoptará una “neutralidad positiva” (?). No dejemos que nos amedrenten. Escuchemos el mensaje del Washington Post.

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