El Informante: Asesinato en el quirófano, por Ricardo Uceda

La República
04 Feb 2019 | 16:00 h

La justicia chilena concluye que el expresidente Eduardo Frei fue asesinado durante una operación de hernia abdominal. Posible envenenamiento. Los autores: médicos vinculados a la inteligencia militar.

A nadie sorprende que aparezcan nuevas evidencias de que la dictadura de Augusto Pinochet asesinó a opositores de todos los niveles. Las acciones más complicadas de investigar son las que emplearon sustancias químicas. Por ejemplo, la eliminación del cabo de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) Manuel Leyton. En 1977, detenido por robar el auto de un detenido-desaparecido, Leyton contó secretos del organismo represor, y sus jefes le aplicaron una receta de la casa. Nueve agentes de la DINA fueron condenados el año pasado por haber participado en su envenenamiento con gas sarín en la Clínica London. Hay un poco más. Aún no se descarta que Pablo Neruda haya sido envenenado en 1973, cuando ya padecía un cáncer de próstata.

Ahora hay que sumar el caso del expresidente demócrata cristiano Eduardo Frei. El juez Alejandro Madrid no descartó que la administración de talio, y probablemente de gas mostaza, le impidiera afrontar con éxito una infección postoperatoria que al final lo mató. ¿Cómo una no convicción participa de la convicción de un asesinato? Es parte de la discusión que abre la sentencia.

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Seis culpables

Se trata de una compleja decisión de primera instancia, dada a conocer el 31 de enero. El principal penalizado es Patricio Silva, un médico cirujano de 89 años, coronel de sanidad del Ejército, a quien le impusieron diez años de prisión como autor del homicidio. Hay tres hombres más, también bordeando la ancianidad, que fueron sus cómplices. Otros dos médicos cirujanos recibieron condenas por encubrimiento, al haber ocultado una autopsia con información valiosa.

Los hechos ocurrieron en 1981, cuando Frei era el principal líder opositor. En ese año la DINA asesinó –igualmente hay sentencia– al reconocido dirigente sindical Tucapel Jiménez, empeñado en reunificar al movimiento sindical chileno. Jiménez murió a balazos por la mano de agentes que simularon un robo. Frei, en cambio, eligió operarse para contrarrestar el reflujo gastroesofágico que sufría, producto de una hernia de hiato. Optó por la clínica Santa María de Santiago y por el cirujano Augusto Larraín, quien lo intervino exitosamente el 18 de noviembre. A los pocos días fue dado de alta. En su casa, donde debía recuperarse, se sintió mal, y volvió a la clínica a fines de mes. Su médico estaba de vacaciones en Santo Domingo. Tras un diagnóstico de obstrucción intestinal, fue reoperado por Patricio Silva, asistente de Larraín en la cirugía anterior. Nadie del entorno sabía que era un médico del Ejército.

Pericias encontradas

Lo que Frei tenía era un shock séptico inmanejable. En la segunda operación limpiaron los intestinos pero tuvieron que volver a abrir porque continuaba la infección. Los antibióticos suministrados no lo mejoraron. Murió, a los 71 años, el 22 de enero de 1982, y durante muchos años el problema postoperatorio fue asumido como motivo del fallecimiento. En 2002, su hija Carmen Frei, por entonces senadora por la Democracia Cristiana, declaró que varios miembros de su familia tenían dudas sobre la causa, dirigiendo sus sospechas hacia la DINA. Y presumían envenenamiento, porque ya se sabía que la DINA tenía un especialista para tal propósito, el bioquímico Eugenio Berríos. En 1995 Berríos fue asesinado por sus propios colegas en Uruguay bajo el principio de que los muertos no hablan.

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La tesis, sin embargo, no pudo ser demostrada en el caso de Frei, porque si bien informes dijeron que había talio y gas mostaza en sus restos, unas pericias dijeron que podrían haber sido las causantes de la muerte y otras no. La letalidad del gas mostaza fue prácticamente descartada, pero la del talio se mantuvo. Sin embargo, los científicos convocados en Chile, Estados Unidos y Europa no produjeron conclusiones unánimes, por lo que el ministro Alejandro Madrid, a cargo de la causa desde 2002, produjo una conclusión atípica para condenas de asesinato: sin certeza para afirmar que fue envenenado, y sin certeza para descartar que lo fue. Los abogados de la defensa ven en este razonamiento una buena oportunidad para que un tribunal superior disponga declaratorias de inocencia.

Todo se complica

En lo fundamental, la tesis del homicidio se centra en que la segunda operación de Frei, tras regresar de su casa a la clínica Santa María, era innecesaria, y produjo una infección incontrolable. El ministro Madrid se basa en el informe de un comité de expertos del Servicio Médico Legal. El expresidente presentaba múltiples molestias cuando fue reinternado, el 6 de diciembre. Estaba afiebrado y exánime y fueron necesarios dos días para que pudiera ser nuevamente operado. Mientras tanto, los médicos discrepaban sobre si había o no una obstrucción intestinal. El acusado, Patricio Silva, la daba por cierta. Una radiografía insinuaba que no, pero ya el abdomen había sido drenado, con el consecuente alivio, y la visión de la placa pudo ser engañosa. Finalmente, los médicos, dándole la razón a Silva, decidieron operar. Y luego hubo varias intervenciones más, cuando en realidad ya no había esperanzas.

La teoría del ministro Madrid es que el médico Pedro Valdivia, quien prestaba servicios en la Clínica London, de la DINA, actuó como informante de la inteligencia militar para el cumplimiento de sus fines. El chofer de la familia Frei, Luis Becerra, era otro de los informantes, pues estaba a sueldo de la DINA. Su jefe allí era Raúl Lillo, quien estaba a cargo de la carpeta de la Democracia Cristiana. Ha sido condenado como coautor, junto con Becerra, mientras que Valdivia fue considerado cómplice. Otros dos médicos, Herman Rosenberg y Sergio González, fueron hallados responsables de encubrimiento, por haber practicado y archivado irregularmente la autopsia del expresidente.

Segunda temporada

La sentencia no explica cómo estuvieron enlazados los culpables para cometer el crimen. Tampoco hace un esbozo mínimo de la forma en que a Frei pudieron haberle suministrado sustancias tóxicas en forma permanente como para que pudieran convertirse en un factor de su muerte. ¿Fue antes de la primera cirugía o cuando regresó a la clínica? Por otra parte, hemos de asumir que el asesino principal habría tenido una gran ayuda del destino. Por un lado, Frei aceptó una operación que ya no se recomendaba para un mal menor. Pero, una vez dado el paso, Silva no hubiera podido matarlo si la cirugía de Larraín no presentaba complicaciones. Tampoco si este hubiera estado disponible para la segunda intervención. Por último, todas las decisiones se tomaron en junta médica. Como la teoría de envenenamiento se ha desprestigiado –aún no ha muerto– la segunda temporada de este juicio seguramente se centrará en los estándares exigibles para demostrar un asesinato en el quirófano.