Feliz Navidad comercial

Eduardo Adrianzén
24 Dic 2018 | 21:32 h

"La Navidad es clave para que mucha gente decente se gane la vida vendiendo regalos, comida, adornos, juguetes, ropa y cuanto hay."

Entiendo el malestar por el ambiente aún más crispado y neurótico en Lima con motivo de la fiesta comercial más importante del año: la  Navidad. El tráfico aumenta, las aglomeraciones en algunas tiendas son aterradoras, las colas en los supermercados parecen una multitud histérica por la llegada de los huracanes, y los privilegiados que canjean vales de pavo enloquecen como si reclamaran haberse ganado una casa. El caos superlativo domina una capital que normalmente ya es caótica… y de fondo, los villancicos que algunos aman, y a otros les suena o a Arjona, o reggaetón. Cuestión de gustos.

Algunos mayores suelen quejarse: “se ha perdido el significado del nacimiento de Jesús”. Pero eso sería en tiempos muy pasados, con misas del gallo y costumbres venidas del virreinato. Desde que tengo memoria, el único chiste de estos días es comprar y comer en exceso. Cristianos, ateos, indiferentes o devotos de cualquier religión, igual gastan lo que felizmente pueden o tienen. Y eso… francamente, creo que es
buenísimo. La Navidad es clave para que mucha gente decente se gane la vida vendiendo regalos, comida, adornos, juguetes, ropa y cuanto hay. Quienes reniegan “¡horror: ya todo es comprar y vender!” deben ser afortunados con trabajos estables y bien pagados. Uno se alegra cuando los amigos logran buenas ventas de sus productos, y más bien duele si escucha “mala Navidad: me quedé con un montón de mercadería”. Eso síes muy triste. Si ya asumimos vivir en el capitalismo salvaje, bueno: así es el juego, ¿no?

Compren regalos artesanales. De Pymes, de gente que trabaja duro para mantenerse (ojalá enriquecer: eso es muy raro). Viva la Navidad como fiesta comercial, y que todos los vendedores honrados tengan mucho éxito.

Es mi sincero deseo.