Héroes y villanos 

15 Jul 2018 | 13:30 h

El origen del fin de “Los Cuellos Blancos del puerto”.

La historia del origen del actual escándalo que revela la existencia de una red corrupta en la administración de justicia es ejemplar respecto de una lucha entre los buenos y malos en esta parte sensible del Estado. Los datos difundidos por este diario indican que, durante varios meses, el sistema de leyes y procedimientos funcionó cabalmente en la detección de una banda dedicada al crimen organizado y que cuando descubrió los nexos entre este y los operadores de justicia en el Callao, este grupo de magistrados y policías continuó adelante, y que tampoco se arredró cuando descubrieron la naturaleza y profundidad de un grupo delictivo con fuerte presencia en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), la Corte Suprema, políticos y empresarios y, por lo que se aprecia en las últimas horas, con una cabeza de playa en la Junta de Fiscales Supremos.

La valiente fiscal Rocío Sánchez Saavedra, junto a un equipo de la Dirección de Criminalística de la PNP, solicitó interceptar legalmente varios números telefónicos para identificar al brazo legal de una organización dedicada al sicariato en el Callao. La solicitud fue rápidamente atendida por el juez Cerapio Roque Huamancóndor, de modo que desde agosto del año pasado las operaciones se llevaron a cabo con eficacia y sigilo y solo eran conocidas por un reducido grupo. En ese momento funcionaba para bien la cooperación institucional entre el Ministerio Público, el Poder Judicial y la Policía Nacional en el nivel correspondiente.

En diciembre, las escuchas descubren el tráfico de influencias en la Corte Superior del Callao. La fiscal Sánchez pudo dejar el caso o pasarlo a una fiscalía anticorrupción, pero decidió seguir adelante y en enero las interceptaciones avanzaron hacia autoridades nacionales del PJ y miembros del CNM. La red investigada pasó a ser “Los Cuellos Blancos del puerto” y entre agosto del 2017 y mayo de este año, el juez a cargo emitió 8 resoluciones de levantamiento del secreto de las comunicaciones.

En mayo, la red delictiva se entera de las investigaciones y se inicia una lucha desigual entre su enorme poder y los valientes magistrados y policías en posesión de esa investigación. Realizan el peregrinaje de los malos, buscan sin resultados en las fiscalías y juzgados y encuentran que el caso estaba en manos del juez Roque Huamancóndor. Para sacarlo del caso lo promueven a partir del 1º de junio, como juez superior de la Sala de Apelaciones Transitoria y amplían la competencia de otro juzgado, para que vea en exclusiva los procesos de corrupción de funcionarios y criminalidad organizada, y así obligar a Roque Huamancóndor a entregar el expediente de las escuchas.

El valiente juez resiste a la maquinaria corrupta por espacio de 10 días, tomando vacaciones. Finalmente, el sistema torcido por los villanos se impone, pero los mismos corruptos le abrieron la puerta a su fin cuando con el cambio de juzgado destapan a reserva en un contexto en que, en legítima defensa de la democracia, la prensa accede a las escuchas legales que la red criminal pretendía eliminar.