A mi madre

Joel Narváez
11 May. 2018 | 19:53h

Eres estricta como Milk (Dragon Ball), protectora como Sachiko Fujinuma (Erased) y atenta como Hana (Wolf Children).

“A veces me pregunto en qué momento creciste y dejaste de ser esa pequeña cosita que andaba pegada a mí como chicle a todos lados”. Ni idea, má. Para cuando me di cuenta, ya me habías botado una vez de la casa.

“Si tuviese algo, enseguida iría a hacerme un chequeo médico. Pero estoy bien”. Eso espero. Mira que yo estoy por cumplir 26 años y los dolores en la espalda me indican que ya soy más viejo que tú. ¿Es eso posible? 

“¡Obvio! La inteligencia y la belleza lo sacaste de mí”. Presumida. ¿Por qué no echamos un vistazo a tus notas de la universidad?  

Má, eres estricta como Milk (Dragon Ball) -por suerte no tanto como Saki Arima (Your lie in April)-, protectora como Sachiko Fujinuma (Erased) y atenta como Hana (Wolf Children) -sí, sorry por compararte con personajes de anime, pero de eso va esta columna-. También debo destacar tu tolerancia, ya que soportas cada vez que te hablo de mi afición. Pero, ¡hey! ¿Alguna vez te imaginaste que me dedicaría a esto? “No, pero me lo esperaba”. 

Confieso que me hubiese gustado heredar tus rulos, aunque, pensándolo bien, ¿chino con rulos? Como que no pega, ¿no? Al menos me conformo con tu fino sentido del humor.

Fuera de bromas, te soy sincero, a veces me resulta frustrante no encontrar las palabras adecuadas para expresar el afecto que siento por ti -una cualidad que heredé de ti, por cierto-, pero que intento compensarlo aún con la más mínima acción. 

Este domingo, más que desearte un feliz día, te diré gracias por seguir a mi lado, gracias por velar por mí y gracias por haber confiado en cada una de las decisiones que tomé. 

Gracias, má.