
Pedro Castillo usó la banda presidencial para traficar influencias y rebelarse contra la democracia. Incluso hoy, sin mayor cargo que el de prisionero, agita a la opinión pública a través de cartas tendenciosas. Luego Dina Boluarte, la sucesora, prefirió olvidar la naturaleza de su nuevo título –un gobierno de transición– y se apropió del calendario hasta 2026. Lo revaluó –ahora hasta 2023– después de protestas y muertes en el camino.
En tanto, el Congreso optó por una agonía lenta para ganar margen y encontrar salvavidas a sus curules aun cuando el reclamo social exige, sin excepciones, una limpieza del Legislativo. Ocurre la misma dinámica con las cabezas de los partidos políticos: con intervenciones esporádicas y solo benéficas para los suyos, pretenden hacer eco en la confianza masiva –si es que todavía queda– y pintarse como alternativas oportunas. Nada más inoportuno que el hambre de poder.
Toca, entonces, buscar en el diccionario un concepto abolido en las manos de Castillo, Boluarte, el Congreso y de los gestores partidarios: dirigir. “Enderezar, llevar rectamente algo hacia un término o lugar señalado”. Dirigir es el verbo clave en los altos mandos; por eso, mientras siga en pie la incompetencia en los puestos de liderazgo, el descontento social continuará tejiendo la historia del Perú.
Carecer de este talento –porque no todos nacen para ser líderes, ni tienen por qué– reduce el respeto hacia la clase política y hacia la plaza que ocupa incluso mediante elecciones. La desgastada figura de cabecilla, jefe, caudillo o paladín –cada denominación que conlleve a una tarea gerencial– empuja al pueblo a prescindir de ella en el ejercicio de sus propios derechos, como en el de la protesta, por ejemplo.
La ausencia de líderes en las manifestaciones es, así, un sinónimo de queja. ¿Por qué involucrar en las filas un rol que no ha funcionado en los estamentos gubernamentales? Sin embargo, omitirlo se convierte también en un motivo para que la crisis se dilate: no hay con quién negociar las demandas. Frente a ese escenario, la ciudadanía puede demostrar su agudeza para elegir a las voces principales y, en un tiempo, replicarla en las urnas.

“Ante la labor de consulta y contrastación para la que el periodista se instruyó por años, existe un software que cómodamente se convierte en una fuente”.

"Ocupa cuatro segundos teclear “la traición” y demanda incluso menos tiempo indignarse. El ejercicio veloz del usuario que lanza la piedra y no esconde la mano, salvo que se trate de un trol, delata lo sencillo que es abrazar la disputa".

"Para algunos, las oportunidades se llaman contactos —vara, argolla, amigo del amigo, compadre—; para otros, las oportunidades son colchones emocionales sobre los cuales sobreviven mientras buscan algo parecido al progreso".

“Prestigio y fama —capacidad y publicidad— coexisten en un estilo de vida que ya le pertenece a su biografía”.

"Un Gobierno que resuelva es más útil que un novio que resuelva".