Sinesio López

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Lo que esconde la escena oficial, por Sinesio López

“La mayoría de los políticos actuales no viven para la política, sino que viven de la política. La política es una forma de empleo”.

Los políticos de la escena oficial han perdido el rumbo. Toda su agenda política se ha reducido a la vacancia del presidente de la república y a la disolución del Congreso. Pero como las disposiciones claras de la constitución no les permiten conseguir sus objetivos, buscan otras razones: la ineficacia y la mediocridad del presidente, la corrupción, los escándalos. Hacen intervenir a otros poderes como el Poder Judicial (los jueces y los fiscales) para que ayuden a resolver el problema de la vacancia. Pronto acudirán al Tribunal Constitucional (TC) elegido por el actual Congreso y pueden llegar a tocar la puerta de los cuarteles. Este juego político perverso ya lleva un año y 5 si contamos desde el berrinche de KF en el 2016.

¿Es solo la lucha por el poder la que mueve a los políticos o hay otros intereses en juego? El poder político en sí mismo es un bien muy codiciado, pero generalmente está asociado a otros intereses. La mayoría de los políticos actuales no viven para la política, sino que viven de la política. La política es una forma de empleo. Mal que bien, el sueldo parlamentario los induce a mantener la estabilidad, razón por la cual los vacadores a ultranza los hacen objeto de sus burlas.

Los políticos se mueven, a veces, por intereses mafiosos que, con frecuencia, comparten más allá de su ubicación en el espectro político. Estas mafias pueden ser un arma de doble filo. Si las pueden mantener, los mafiosos apuestan a la estabilidad. De lo contrario, pueden convertirse en ardientes golpistas. Pero hay, sin duda, otros intereses económicos, sociales y políticos de más larga duración que mueven, con distinta intensidad, a los políticos de la escena oficial, a los que están fuera de ella y a los poderes fácticos (poder económico y prensa monopólica). Me refiero al modelo económico, social, estatal y político que instalaron Fujimori, los militares conservadores corruptos y la tecnocracia neoliberal con el respaldo del capital internacional y de un sector de la burguesía y que tiene vigencia hasta ahora.

El modelo neoliberal se instaló con un golpe cívico-militar, con una nueva Constitución y con una dictadura que buscó prolongarse para mantenerlo. Cayó con la marcha de los cuatro suyos, pero los poderes fácticos trataron y tratan de mantenerlo a lo largo de todos los gobiernos apelando a amenazas, chantajes, corrupción, etc., etc. Esta es la madre del cordero que la escena oficial oculta. En su estructura y funcionamiento el modelo neoliberal ha generado múltiples problemas, clivajes, contradicciones, tensiones que la crisis de la pandemia mostró con claridad: un Estado incapaz, un sistema político podrido, un régimen político asimétrico, una economía primario-exportadora y de servicios que es una maquinaria para producir informales, una creciente desigualdad, una sociedad fragmentada y discriminadora, etc.

Mientras tanto se está configurando un tiempo político precoyuntura crítica que llegará más temprano que tarde para poner fin al modelo neoliberal.