Santiago Dammert

Santiago Dammert

Desde la plaza
Profesional enfocado en la gestión de proyectos urbanos y del entorno construido. Cuenta con estudios de arquitectura en Syracuse University, EEUU y una maestría en sociología urbana en Goldsmiths, University of London. Aspira a que las ciudades peruanas sean mejores lugares para vivir para todos sus habitantes.

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El bar de barrio

“No es un lugar de ‘juerga’, y no cierra demasiado tarde. Almacena artículos de primera necesidad, no solo bebidas alcohólicas; también café, desayuno, y alimentos simples y accesibles para el resto del día”

“El dueño del bar o quienes atienden son, además, figuras constantes en la rutina de muchos, y generan confianza a través del relacionamiento continuo con los vecinos”. El bar es uno de los centros de socialización más antiguos de muchas sociedades humanas. En Lima tenemos algunos ejemplos de tabernas antiguas que desempeñan sus funciones desde hace un siglo o más, aunque los ejemplos son contados.

En la mayoría de distritos es imposible encontrar un bar de barrio, dedicado a servir a las personas que viven en las inmediaciones y a ser un centro de la vida cotidiana. Una de las razones de esta situación es que los municipios le temen al concepto del bar y casi nunca otorgan licencias para ello, o lo hacen exclusivamente en determinados sectores dedicados a la fiesta y entretenimiento nocturno.

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¿Cómo podemos imaginar un bar de barrio? Este debe ser un lugar de encuentro para todas las edades y clases sociales que viven o trabajan en una zona determinada. No es un lugar de “juerga”, y no cierra demasiado tarde. Almacena artículos de primera necesidad, no solo bebidas alcohólicas; también café, desayuno, y alimentos simples y accesibles para el resto del día. Es posible que haya un televisor mostrando un partido de fútbol o las noticias del día, proveyendo siempre un tema de conversación para los parroquianos. Tiene normas sociales relajadas, que lo convierten en un lugar inclusivo.

Un buen bar de barrio tendrá una mesa afuera, con un pequeño grupo de personas parado en la vereda, generando el agradable sonido de la interacción humana. Es un espacio donde los adultos mayores encuentran compañía y distracción, y apoyo en caso de necesitar ayuda para cargar un mueble o cambiar un foco. El dueño del bar o quienes atienden son, además, figuras constantes en la rutina de muchos, y generan confianza a través del relacionamiento continuo con los vecinos.

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Así pues, los bares de barrio no son solo lugares para comer o beber, sino que tienen otras funciones sociales de importancia que generan vida y actividad en cada sector de la ciudad. Estas características los convierten en valiosos agentes vecinales tan importantes como las bodegas o las farmacias: se encargan de la salud social de la comunidad. Quizás podemos empezar a imaginar una ciudad con uno de ellos en cada esquina, como centro social de los vecinos del barrio. Para que eso suceda, tenemos que primero perderle el miedo a la idea del bar y su lugar en la ciudad.