Ramiro  Escobar

Ramiro Escobar

Meditamundo
Lic. en Comunicación y Mag. en Estudios Culturales. Cobertura periodística: golpe contra Hugo Chávez (2002), acuerdo de paz con las FARC (2015), funeral de Fidel Castro (2016), investidura de D. Trump (2017), entrevista al expresidente José Mujica. Prof. de Relaciones Internac. en la U. Antonio Ruiz de Montoya y Fundación Academia Diplomática.

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Ucrania, el punto crucial

“El propósito habría sido apagar los intentos independentistas ucranianos, que recién vieron la luz el 24 de agosto de 1991, tras la disolución de la URSS”.

Profesor UARM.

Desde hace semanas, en Europa oriental, en el mar Báltico, en Europa central, en Rusia, se siente un rumor de tanques, e incluso un leve temor atómico. Algunos han comparado la tensión generada en torno a Ucrania como algo similar a la crisis de los misiles de 1962, cuando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y Estados Unidos estuvieron a punto de arrojarse al holocausto nuclear por la vía de un miserable botón.

Tal vez no sea para tanto, pero la agitación que hay en la zona es de temer. Moscú tiene desplegados cerca de 100 mil soldados (además de acorazados y tanques en los alrededores) en la frontera con ese país, al que siempre ha considerado como parte de sus dominios. Donde, además, allá por el siglo IX, el jefe vikingo Oleg de Nóvgorod fundó la Rus de Kiev, una suerte de agrupación de tribus cuya ciudad principal era Kiev.

Es decir, lo que hoy es la actual capital de Ucrania. La poderosa federación cayó hacia el año 1250 por acción del Imperio mongol, pero increíblemente desde entonces tanto Rusia como Ucrania reclaman que sus orígenes están allí. Lo que hoy agita los arrestos bélicos que asustan a Europa y a buena parte del mundo tiene ahí uno de sus nudos. A lo largo de los siglos, la relación entre ambos pueblos, el ucraniano y el ruso, ha sido tensa, nunca estable.

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Durante la época de los zares, el Imperio ruso procuró ‘rusificar’ a Ucrania. En la época de la Revolución bolchevique (1917) hubo una ‘guerra por la independencia’, de la que surgió la República Popular de Ucrania. Cuando se formó la Unión Soviética, finalmente Ucrania pasó a ser una de sus repúblicas. Entre 1932 y 1934, se produjo el ‘Holomodor’, una mortal hambruna al parecer provocada por Stalin dentro del proceso de colectivización.

El propósito habría sido apagar los intentos independentistas ucranianos, que recién vieron la luz el 24 de agosto de 1991, tras la disolución de la URSS. ¿Se entiende ahora un poco más por qué esa región está que quema? Hay una memoria flamígera tanto en rusos como ucranianos. Para los primeros, a pesar del tiempo transcurrido y las mutaciones políticas, Ucrania sigue siendo parte de la nación rusa; para los segundos, su país es real.

Tan real que en el año 2013, cuando el presidente Víctora Yanúkovich incumplió la promesa de incorporar a Ucrania a la Unión Europea, se desató una ola de protestas denominadas ‘Euromaidán’ (el epicentro era la Plaza Maidán de Kiev), que terminaron con cerca de 150 muertos y la caída del mandatario, a quien se consideraba pro ruso. Cuando estas terminaron, en febrero del 2014, Rusia se anexó la península de Crimea, parte de Ucrania.

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A la vez se instaló un conflicto armado en el este de Ucrania, denominado la guerra del Donbás, por el alzamiento de rebeldes pro rusos. En estos turbulentos momentos, esos cerca de 100 mil soldados están precisamente en esa zona y la preocupación de Moscú es que Ucrania se sume a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), una organización de defensa colectiva que viene desde la Guerra Fría, a la que se han sumado algunas exrepúblicas soviéticas.

En suma, Rusia se siente rodeada. Y Europa alarmada porque el despliegue bélico que se ha montado es fabuloso y, por varias semanas consecutivas, no se llega a un acuerdo para que eso retroceda. Washington, finalmente, gran actor de peso en la OTAN y en la geopolítica mundial, ve con preocupación que Rusia esté dispuesta a apretar los botones, no atómicos, pero sí bélicos de diverso calibre. Con lo que estallaría un conflicto de grandes proporciones.

En el 2011, cuando se cumplieron 20 años de la caída de la URSS, Putin dijo que él estaba de acuerdo con la caída del comunismo, pero no con la disolución de esa macroentidad estatal poderosísima. Más de 30 años después, esto se hace clamorosamente claro. No obstante que una buena parte del pueblo ucraniano simplemente ya no quiere estar en la órbita de Moscú, que durante siglos no ha querido soltar el territorio que habitan.