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El país que falló en fallar

“Dice el The New York Times que el problema fue que ‘China falló en fallar’. Aunque en verdad fallaron las políticas de libre mercado”.

En el 2001, China entró a la Organización Mundial de Comercio. El presidente de Estados Unidos era George Bush. Pero el giro había comenzado ya hacía buen tiempo pues se veía con buenos ojos que China tuviera una política “distante” de la hoy desaparecida Unión Soviética.

La “rationale” fue relativamente simple. Para EE. UU., el viraje chino hacia políticas de mercado (“no me importa el color del gato, con tal que cace ratones”, Teng Hsiao Ping) haría que en sus ciudadanos sea mayor el deseo de sus ciudadanos de gozar de una mayor libertad. Esto, por el lado de la economía.

Por el lado de la política, la mayor libertad económica haría que los “nuevos capitalistas” objetaran el régimen político del Partido Comunista. A más pedidos de libertad, mayor debilitamiento del PC y, seguro, surgimiento de nuevos partidos. Poco a poco, el régimen caería, como cayó la Unión Soviética en 1990.

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Pero no. China siguió creciendo a tasas mayores al 10% anual, apoyado en un sólido proceso de industrialización orientado a la exportación. Y se convirtió en la fábrica del mundo: sus productos hoy llegan a todas partes, incluidos EE. UU. y Europa. Y su régimen económico y político seguía allí.

Obama decidió cambiar de estrategia: entraría en competencia con China con mayores estrategias “de mercado” (“la OMC fue muy permisiva con China”), las que se cristalizaron en el gigantesco TLC llamado Alianza Transpacífico (en inglés, TPP) que comprendía a casi todos los países de la Cuenca del Pacífico: EEUU, Canadá, México, Perú, Chile, Japón, Brunei, Vietnam, Malasia, Australia, Singapur y Nueva Zelanda. Pero no a China.

El objetivo era que estas políticas (mucho más “agresivas” que las de la OMC, en materia de apertura comercial y propiedad intelectual, que incluían, además, la apertura irrestricta a la inversión extranjera) tendieran un cerco a China, obligándola a que “se adecúe”. El objetivo era el mismo: demostrar la superioridad del “libre mercado”.

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Sucede, sin embargo, que los impactos negativos de la globalización golpearon a la economía y los empleos en EE. UU. Trump aprovechó ese descontento, criticó la globalización, planteó que “América fuera grande otra vez” (más Estado) y fue elegido presidente. Su primer acto fue no adherir al TPP y aplicar políticas que iban totalmente en contra del libre mercado, sobre todo alza de aranceles y, luego, emplear todo el poder del Estado para golpear a China en los productos de alta tecnología, sobre todo en Internet 5G, donde Huawei era líder.

Dice el The New York Times que el problema fue que “China falló en fallar”. Aunque en verdad fallaron las políticas de libre mercado. Tanto es así que, ahora, el presidente Biden apuesta abiertamente por una economía mixta, con fuertes impulsos keynesianos para la reactivación económica.

Pero la orientación general de la política de EE. UU. hacia China no ha variado, si bien ha “bajado” el lenguaje agresivo, “a la Trump”. Lógico, la pugna hegemónica sigue en curso y se pronostica que China superará el PBI de EE. UU. en el 2028.

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Clave: la pugna es ahora también por el liderazgo en Inteligencia Artificial (IA). Graham Allison y Eric Schmidt (1) nos dicen que, en IA, la tecnología del siglo XXI, China va a la par que EE. UU., tanto en materia comercial como en seguridad nacional: “China no solo está tratando de dominar la IA. China ya domina la IA”: robots, fintech, cuidado de la salud, diagnóstico de enfermedades, autos inteligentes, entre otros. Para Allison y Schmidt el “autoritarismo” no debe ganar esta batalla.

¿Y cómo quedamos nosotros? Mal, claro está, pero eso lo veremos en otro artículo. Mientras, debemos optar por el no alineamiento por una u otra potencia, sino delinear una agenda nacional y regional como guía para la formulación de políticas. Y dejar el fallido neoliberalismo para redefinir las relaciones entre Estado y mercado. En eso no podemos fallar.

1)¿China le está ganando a EE. UU. la supremacía en IA?, Harvard Kennedy School, agosto 2020.