Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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Midiéndose uno al otro

“Mientras que el Ejecutivo y el Legislativo juegan a la pega inmóvil, y se huelen para ver quien tiene más apoyo popular, la economía peruana va camino al abismo a paso ligero”.

El proyecto político de Vladimir Cerrón siempre ha estado a la vista de todos. Ninguneado o disimulado en la segunda vuelta, se ha encargado una y otra vez, con su cuenta de Twitter en mano, de recordarnos quién es. Cerrón y su partido comunista, marxista, leninista tienen como objetivo hacerse del poder, apropiarse de todos los medios de producción y perpetuarse en la presidencia a través de una Constitución hecha por él mismo. El plan carece de originalidad, pero está en blanco y negro para quien lo quiera leer en el Ideario Programa de Perú Libre. Esa propuesta, como lo hemos dicho tantas veces y cuyas consecuencias ya se observan en la economía, es una sola cosa: el hambre.

Castillo dice tener otro proyecto. “No soy comunista” es su más logrado resumen hasta ahora. Ha dividido su gabinete en tres grupos. Los impuestos por Cerrón, los que vienen de otras izquierdas más moderadas y los afines a su proyecto de partido magisterial. Estos grupos son antagónicos, como lo son las dos facciones de la bancada de Perú Libre, maestros vs. cerronistas. Pero aún entre los sobones seguidores de Cerrón hay lealtades y deslealtades. La bomba que soltó Epicentro revelando los chats de WhatsApp de la bancada delata que la izquierda practica un canibalismo exquisito: se muerden rico entre ellos, pero todos aguantan con gusto.

Esta forma de hacer política resulta desconcertante. Cerrón es muchas cosas, pero nadie lo ha acusado de tonto. No tiene apoyo popular, no tiene mayoría en el Congreso, no tiene apoyo de los mercados y de ningún poder fáctico. Sus sueños naufragan en una bancada minoritaria de bajísimo nivel. Pero, como la lotería no te la sacas dos veces, ha decidido exprimir el limón para ver hasta dónde llega, mientras que, con un pie en la cárcel por delitos cometidos durante su gestión como un astuto gobernador de Junín, grita ¡persecución política! Tonto no es. Soberbio, sí.

En este panorama, Castillo podría zafarse del lastre que resulta Cerrón, pero, hasta hoy, no puede y no quiere. El ladino Bellido gobierna con Cerrón. Al presidente lo pecha, lo insulta, practica el más descarado sabotaje a sus ministros y sigue firme, bien estacionado junto a un inviable Iber Maraví. Nadie se mueve, es la torpe decisión de Castillo a quien hasta el sombrero le quedó grande. Pudo ser y no fue, porque no quiso. Una lástima por lo que significa para millones de peruanos en términos simbólicos.

Frente a este naufragio, una oposición parlamentaria bien puesta tiene todas las de ganar. El escenario está listo para mover la ficha de la bien merecida censura a Iber Maraví. Durante dos meses han logrado dar la impresión de que no quieren una pelea en serio. Es decir, mucha bulla y punto. Han mandado todos los mensajes posibles para que quede claro que, entre la quincena y la historia, se van por la quincena siempre que Castillo no se exceda. Pero el combo Cerrón/Bellido ha caminado por todos los excesos y no van a cambiar.

¿Y qué hace la oposición más gritona? Muestra una moción de censura contra Maraví, con todas las firmas necesarias para ser presentada y ¡no la presentan! Un acto de cobardía que parece prever dos cosas: o no tienen los votos para censurar o se mueren de miedo de la cuestión de confianza que no podrán parar. ¿Cuál es la solución de los opositores? Exactamente la misma que la de Castillo: no hacer nada.

Mientras que el Ejecutivo y el Legislativo juegan a la pega inmóvil, y se huelen para ver quien tiene más apoyo popular, la economía peruana va camino al abismo a paso ligero. Nadie va a invertir un céntimo en este circo de locos en el que hemos elegido vivir. Como dice el presidente Castillo, alumno aplicado de Francke: “sin inversión, no hay desarrollo y no hay trabajo”. Parece que su profecía la va a vivir él mismo. Ni cuenta se da él que nos está contando exactamente lo que va a suceder en su presidencia. Así de irresponsable es la cosa.