César Azabache

César Azabache

Hablando de justicia
Director de Azabache Caracciolo Abogados. Abogado especializado en litigios penales; antiguo profesor de la Universidad Católica y de la Academia de la Magistratura. Conduce el espacio de entrevistas legales “En Coyuntura” en la revista La Ley. Es miembro del directorio de la revista Gaceta Penal y autor de múltiples ensayos sobre justicia penal.

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Misóginos

“Presidente Castillo: No sacar a Bellido del lugar en que usted lo ha instalado le hace responsable por lo que ha hecho. Le hace responsable por la siguiente escena semejante, por el siguiente acto de discriminación o de acoso que cualquiera en su entorno cometa”.

Es este un asunto que me obliga a reconocer el punto desde el que ensayo la mirada. Nacido hace algo más de 55 años en la clase media de Lima, educado en un colegio religioso, soy innegable portador de un sesgo patriarcal que sigue ahí, por más empeño que ponga en construir una masculinidad no agresiva. No escribo libre de culpas ni fantasmas. No ignoro la viga en mis ojos. No pretendo apoderarme de una lucha que miro con respeto, porque no es mía, pero no siento ajena. Pretendo que nosotros, quienes vivimos impregnados por este sesgo, debemos dejar de hacerlo tan difícil para ellas, las que pelean.

Intento confirmar que podemos ayudar a impulsar procedimientos que puedan contener al menos en algo esa despótica manera de ver las cosas en la que yo mismo fui educado. Pretendo que aún podemos confirmar que el espacio desde el que debemos entender nuestras responsabilidades como propias existe, que produce consecuencias.

Me indigna que Bellido asuma que puede ser divertido bromear con la idea de una violación. Que puede hacerlo con una mujer con quien “tenga confianza”; que pretenda que la denuncia de la señora Chirinos es imposible solo por eso, “porque él no le tiene confianza”. Me indigna que pretenda que la mujer que lo acusa no debe ser escuchada porque pertenece a un partido que está en la derecha, porque seguramente lo acusa para dañar al gobierno. Me indigna el silencio cómplice de los testigos, todos hombres.

Percibo en sus palabras una de las imágenes más deformadas de ese sesgo patriarcal que también habita en mi; del que intento defenderme. Por eso pido que se vaya. Pido que se vaya desde mi pelea cotidiana con los demonios que también me habitan. Pido que se vaya ahora por esto, pero debió irse antes; nunca debió estar, en verdad, en el lugar en el que ha sido instalado. Pero dejarlo ahí después de esta agresión constituye una forma de aquiescencia inaceptable frente a alguien que cree tener derecho a hacer que una mujer sienta que para que su vida esté completa tiene que ser violada. Esta vez fue la señora Chirinos; mañana podrá ser cualquier otra mujer.

Presidente Castillo: No sacar a Bellido del lugar en que usted lo ha instalado le hace responsable por lo que ha hecho. Le hace responsable por la siguiente escena semejante, por el siguiente acto de discriminación o de acoso que cualquiera en su entorno cometa. Mantenerse indiferente ante la agresión que ha perpetrado representa un mensaje que alienta la repetición de este tipo de ofensas, un mensaje que nos las previene y no las evita.

Usted es ahora, depende de usted por cuánto tiempo, el presidente de esta república. También es presidente de todas las mujeres que habitan en ella. Y a ellas les debe usted protección y respeto.

Si usted no saca a Bellido del lugar en que lo ha instalado se habrá instalado a sí mismo y por propia voluntad en ese espacio de incapacidad moral que la oposición anda buscando. Lo habrá hecho usted señor presidente, nadie más. Su silencio, su pasividad, no le protegen; le dejan descubierto.

Cuando Bellido perpetró ese agravio era congresista, no primer ministro. El Congreso no necesita interpelarlo y Bellido no tiene cuestión de confianza que le proteja. La misoginia, por cierto, no es cuestión solo de la comisión de ética, que no está sesionando. Es una violación a la dignidad de la persona, fundamento del Estado, y por ende un asunto de responsabilidad constitucional. Un tema que puede exigirse en un juicio político. La Comisión Permanente puede pedir al pleno su inhabilitación para cualquier cargo público sin necesidad de censura. Y si usted no reacciona a tiempo, presidente Castillo, a esa inhabilitación seguiría su vacancia.

De usted depende.