César Azabache

César Azabache

Hablando de justicia
Director de Azabache Caracciolo Abogados. Abogado especializado en litigios penales; antiguo profesor de la Universidad Católica y de la Academia de la Magistratura. Conduce el espacio de entrevistas legales “En Coyuntura” en la revista La Ley. Es miembro del directorio de la revista Gaceta Penal y autor de múltiples ensayos sobre justicia penal.

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Renuncie, señor Bellido

“Perú Libre está reduciendo los cargos públicos a simples posiciones de influencia”.

Imposible dejar de notar la línea de sostenido deterioro que une tres momentos. Primero empezamos a aceptar que postulen al Congreso personajes investigados por la fiscalía. Luego,hace poco, dejamos que postulen a la presidencia personajes con cargos penales. Y ahora tenemos el gabinete que tenemos.

Evidente la forma en que se ha acelerado el tiempo en este proceso. Un presidente y un primer ministro portadores de un discurso misógino y homofóbico; una falta de comprensión del sentido de la ley de tal envergadura que el presidente logra despachar sin controles ni registros y el premier mantiene como ministro a un fiscal en ejercicio. Además una extensa lista de ministros y funcionarios nombrados solo porque son militantes del partido del señor Cerrón, sin que nadie en el gobierno observe su absoluta falta de idoneidad para los cargos que les han entregado. Y dos personas en particular, el premier nuevamente y el ministro de Trabajo, que por sus relaciones con el Movadef, sean estas las que sean, han encendido las alertas de protección a agentes encubiertos y colaboradores antiterroristas y antinarcóticos, cuyos nombres y ubicaciones pueden quedar expuestos, en un momento en que el congresista Bermejo, del mismo entorno, está siendo juzgado por sus aparentes relaciones con el senderismo del VRAEM, reconstruidas, entre otras cosas, en base al testimonio de senderistas arrepentidos.

Nadie ha escrito una teoría que prevea que un sistema institucional podía adelgazarse hasta este extremo. La presunción de inocencia, a la que se ha hecho referencia para defender a estos personajes, ha sido establecida para otras situaciones, no para convertir en intocables a personas que el sistema de partidos debería haber mantenido al margen de todas las elecciones imaginables por sus propios recursos. Hasta ahora las resistencias institucionales solo han quedado en pie para impedir que pase algo semejante con las designaciones al Tribunal Constitucional, expuestas sin embargo ya a tres crisis sucesivas. Y apenas rescatamos las del judicial y las de las fiscalías en el 19, cuando se cerró el CNM, que ya las había dañado gravemente antes que sus últimos integrantes fueran descubiertos.

Perú Libre está reduciendo los cargos públicos a simples posiciones de influencia. Enorme paradoja. Antes de esta escena eran los científicos sociales de izquierda quienes reivindicaban la teoría de la captura del Estado por las agencias privadas como una forma de prevenir la corrupción. Ahora Perú Libre, que se proclama socialista, se comporta como una agencia privada de influencia y privatiza (es decir, “usa como si fueran privados”) los cargos públicos. Perú Libre, “el partido que ganó las elecciones”, está usando al gobierno como botín, como espacio de posicionamiento, de auto confirmación o como capital privado; como nada que exprese un “hacer para todas y todos”.

En medio de esta escena ha vuelto a aparecer entre nosotros el discurso al rededor de la vacancia del presidente. Vacancia y cierre del Congreso son dos construcciones extremas que se retroalimentan. Ambas tienen fisuras conceptuales que el Tribunal Constitucional no ha cerrado del todo. Ambas producen efectos colaterales que obligan a emplearlas con extremo cuidado y muy pocas veces. Ambas, en determinadas condiciones, conducen a elecciones totales o parciales. Pero los puentes hacia una salida electoral inmediata a esta crisis quedaron quebrados después del despliegue del llamado caso del “fraude en mesa”.

Pero vacancia y cierre del Congreso son los fantasmas que ahora deambulan por el pasillo. Antes que entren a esta sala hay siempre una alternativa: renuncie, señor Bellido; a su propio gobierno le hace falta.