Mirko Lauer

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Observador
Un poemario cada tantos años. Falso politólogo. Periodismo todos los días. Natación, casi a diario. Doctor por la UNMSM. Caballero de la Orden de las Artes y las Letras, Francia. Beca Guggenheim. Muy poco twitter. Cero Facebook. Poemario más reciente, Sologuren (3ª edición Huerga & Fierro, Madrid). Próximo poemario, Las arqueólogas, en setiembre.

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Ultras recios

“Declaraciones de diversos congresistas electos de Perú Libre revelan fuertes presiones izquierdistas sobre Pedro Castillo desde el Congreso. Ahora el empuje es para impedir la llegada de moderados al Ejecutivo”.

Declaraciones de diversos congresistas electos de Perú Libre revelan fuertes presiones izquierdistas sobre Pedro Castillo desde el Congreso. Ahora el empuje es para impedir la llegada de moderados al Ejecutivo. Luego inevitablemente se va a traducir en intentos, algunos de ellos unipersonales, de ir cogobernando desde la bancada.

El lenguaje de estas presiones, la mayoría de ellas expresadas ante pequeños mítines, es categórico, y busca confinar a Castillo al tono político y a las promesas administrativas de la campaña electoral. Es como si las necesidades de una flexibilidad surgida del paso al gobierno no se debieran producir.

La idea de estos congresistas parece ser que ganar las elecciones presidenciales desde la izquierda y acceder a una lonja del Parlamento equivale a haber hecho la revolución. Este tipo de voces ya sonaba medio destempladas durante la campaña electoral. Ahora con las tareas de gobierno a las puertas, ya suena a provocación inconducente.

Sin duda los puntos de vista izquierdistas, los radicales y los moderados, se han ganado un nuevo tipo de lugar en las expectativas populares y en el debate político. Pero para las nuevas autoridades la oratoria inflamada de plazuela no parece ser el mejor vehículo para expresarse. En esos casos se suele decir mucho más de lo que realmente se piensa.

Los poco más de tres años de Vladimir Cerrón gobernando Junín son un buen ejemplo. Este político de verbo radical llevó adelante una gestión regional perfectamente convencional, en más de un aspecto. A pesar del radical discurso partidario, la relación con el poder no fue, digamos, la de la Comuna de París de 1871.

La presencia de exabruptos radicales en el debate le hará flaco favor a Castillo, pues contribuirá a echar sombra sobre la sinceridad de sus intenciones. Pero tal vez a algunos de la izquierda esto no les preocupe tanto, por estimar que un Castillo debilitado tendrá que convertirse en un Castillo finalmente radicalizado.

¿Veremos un desarrollo de este tipo de estrategia a dos bandas, apoyado en el principio del enemigo del enemigo? Probablemente sí. Suena suicida, pero esa posibilidad nunca ha desanimado a un fanático. Lo que mejor puede desanimarlo es más bien su propia conveniencia. Quizás esos ultras están pidiendo beneficios personales que todavía ni sabemos.