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La cuarta ola

La emergencia de la pandemia y el encierro tan prolongado nos afectan a todos de diferente forma.

Sin salud mental no hay salud. Esta afirmación tiene asidero en la experiencia de vidas alteradas por la pandemia y que aunque reconocemos que requieren de atención especializada; por las condiciones de emergencia en las que nos encontramos, suelen ser dejadas en segundo plano.

Se estima que por la COVID-19 se han suspendido los servicios de salud mental más importantes en el 93% de países del mundo. Una cifra que nos habla directamente de los estragos que podría estar provocando este abandono, en medio del aislamiento social obligatorio.

Los niños han perdido el contacto sanador de la escuela, el juego al aire libre y los soportes emocionales de amigos y parientes a los que ahora no ven. Los adolescentes no disfrutan de la interacción social tan importante en su formación como personas, y soportan el aislamiento en condiciones poco adecuadas que pueden incluir abuso, violencia o abandono.

Los adultos mayores soportan el vacío y la ausencia de sus seres queridos. Las mujeres se muestran más vulnerables al acoso y a la violencia doméstica. El personal médico y sanitario está viviendo un estrés constante y la fatiga de una pandemia que no tiene fin. Los trabajadores y quienes han perdido el empleo también están afectados por la ansiedad y la inestabilidad de su situación laboral. El prolongado encierro nos está lastimando a todos en diferente forma.

Por ello es fundamental que se creen mecanismos urgentes para enfrentar esta situación, que muchos especialistas consideran la cuarta ola de la pandemia. Consideramos que los servicios de salud mental requieren apoyo económico y un respaldo decidido de la autoridad competente.

Proponemos por ello campañas urgentes de atención de salud mental a los ciudadanos para que podamos enfrentar con éxito las horas actuales, hacer planes para el futuro pese a la incertidumbre que vivimos y actuar bajo los signos de la nueva realidad, aceptándola y adaptándose a los cambios que aún están por llegar.

Es importante que los peruanos reconozcamos que la llegada de las vacunas y el avance exitoso de la campaña de vacunación a nivel nacional son ahora el único modo de controlar la pandemia. Y que es el momento de que la protección y el cuidado de la salud mental se constituyan en un punto prioritario en la agenda nacional.