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Las mujeres y la paridad

Casi la totalidad de instituciones tutelares en el Perú están lideradas por mujeres. Debemos promover más liderazgos femeninos.

Nunca como ahora hemos tenido tantas funcionarias públicas a cargo de las instituciones tutelares del país. A la presidenta del Tribunal Constitucional, Magdalena Ledesma, se suman la flamante presidenta del Poder Judicial, Elvia Barrios; la presidenta del Consejo de Ministros, Violeta Bermúdez, y la presidenta del Congreso, Mirtha Vásquez.

A ellas hay que sumar la figura de la fiscal de la Nación, Zoraida Avalos; la ministra de Defensa, Nuria Esparch; y en el espacio privado, mujeres empresarias que lideran empresas y organizaciones gremiales.

El presidente Francisco Sagasti ha señalado que por primera vez en la historia republicana, la presencia femenina es mayoritaria en el Consejo de Estado. La flamante presidenta del Poder Judicial ha ido del dicho al hecho y ha anunciado la paridad en las salas de justicia.

Son todos hitos fundamentales, puntos de partida que no pueden dejar de ser resaltados, ya que se trata de mujeres que ocupan altos cargos, producto de la meritocracia en la mayoría de los casos. Largas carreras profesionales, gran capacidad técnica y méritos indudables.

Son una nueva generación de mujeres que llega a la escena pública, resalta en la esfera privada e incursiona en la política. La paridad va ganando terreno e imponiéndose en los hechos.

Es el caso de los partidos políticos que participan en el proceso electoral con listas congresales que cumplen con el 50/50. Sin restar el mérito de la participación, se requiere una capacitación permanente de mujeres para que intervengan en los centros de toma de decisiones, con las herramientas adecuadas para que su accionar tenga trascendencia.

Queda, sin embargo, un camino por recorrer hasta que podamos decir que se ha roto el techo de cristal que impide el libre acceso de las mujeres a cargos de dirección, tanto en el sector privado como público.

La democracia no es democracia si las mujeres no tienen acceso al poder. El poder no es auténticamente legítimo si no compromete a la sociedad en su conjunto a respetar la igualdad ante la ley. Y no hay desarrollo humano posible si no se incorpora a las mujeres con las mismas oportunidades.