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Muerte en el norte

Todavía está por esclarecerse el fallecimiento de dos personas en La Libertad.

Aunque el suboficial PNP Víctor Bueno Alva ya ha sido identificado como quien disparó, de frente y sin inmutarse, a un grupo de manifestantes en la provincia de Virú (departamento de La Libertad), aún no se sabe si fue el responsable de la muerte de dos de ellos el 30 de diciembre. No deben pasar muchos días del 2021 para que esto se aclare.

Porque lo ocurrido lanza, una vez más, una señal preocupante: que la Policía Nacional del Perú no tiene suficiente autocontrol o, peor aún, que no acata las órdenes que se imparten desde sus altos mandos o desde el Ministerio del Interior. Es lo que sugiere la frase “esto simplemente no puede ocurrir” que ofreció ante los hechos el ministro José Elice.

El propio presidente Francisco Sagasti dijo que se sancionará a los policías que “desacataron la prohibición de usar armas de fuego”. Si además se tiene que abrir un proceso desde la Inspectoría de la PNP, e incluso la División de Investigación Criminal (DIVINCRI) ha intervenido a Bueno Alva, es porque algo no está en su sitio.

Parecen haberse juntado varias piezas candentes al mismo tiempo: el malestar en la policía, por el pase al retiro de varios generales y tenientes generales; la incapacidad del Congreso de producir una ley agraria que genere un mínimo consenso; y la falta de manejo político del Gobierno de Transición para prever explosiones sociales de esta envergadura.

A la muerte de Reynaldo Reyes Ulloa y del menor de 16 años de iniciales K.N.R.D.L.C., las dos víctimas de armas de fuego de la policía según los indicios, se suma la de Modesto Mondragón Solano, un paciente oncológico que no pudo llegar a tiempo a un hospital por el bloqueo de la Panamericana Norte. Nada pudo ser peor para terminar el año.

¿Qué tiene que pasar para que esta crisis social y política amaine en los próximos días? Por un lado, es menester tomar todas, todas las previsiones para que cualquier protesta social no derive en una situación inmanejable. El diálogo, la negociación, la prevención de conflictos tienen que estar en una constante alerta para que no se encienda la intransigencia.

Lo otro, esencial, es que una vez desatada la protesta esta no sea criminalizada y se actúe con una violencia desmedida de parte de las fuerzas del orden. En democracia, es indispensable que las tensiones se manejen dentro de ciertos límites, para evitar que la violencia aparezca como el ingrediente que define el desenlace, a costa de vidas humanas.