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Doce meses de adversidad

Duras lecciones que nos deja la pandemia en este año terrible.

Cuando llegamos al último día del 2020, los fallecidos en el país a causa del Covid-19 llegan, según el Ministerio de Salud, a más de 37 mil, los contagiados a más de un millón 10 mil y la letalidad es del 3,72%. Las camas UCI comienzan a escasear nuevamente, al punto que, de acuerdo a EsSalud, el 82% ya estarían ocupadas.

Esto último se debe a un rebrote de contagios, que ha hecho que el Gobierno anuncie restricciones de circulación en los departamentos de Ica, Arequipa, Moquegua, Tacna, Junín y Huánuco a partir de hoy. No es porque haya llegado ya la nueva variante del virus que apareció en el Reino Unido. Es porque otra vez estamos en problemas.

De momento, tal vez no tan graves como los que sufrimos entre julio y agosto. Pero justamente la primera lección que podríamos sacar de este año terrible es no permitir que la ola pandémica nos caiga encima sin piedad. Algo hemos aprendido de prevención, hay más camas UCI y más experiencia en el tratamiento de la enfermedad.

Pero todo eso no es suficiente. Si asumimos que este año dio un tumbo brutal en marzo, cuando se detecta oficialmente el virus y comienzan los confinamientos, veremos que llegar a esta mínima capacidad de reacción fue duro. Las autoridades no sinceraban el número de fallecidos, los hospitales se desbordaban, cundía la desesperación.

Imposible olvidar la tragedia de Iquitos, o la del norte del país, donde hoy regiones como Piura vuelven a respirar la angustia. Imposible también olvidar la indolencia de clínicas que medraron con el drama en vez de mostrarse solidarias. Y menos aún silenciar la negligencia de políticos que privilegiaron sus intereses antes que la salud pública.

No lograr que llegue la vacuna puede deberse en parte a nuestra crisis política recurrente. Pero a la vez se debe a limitaciones en la gestión estatal, que pareció tirar redes para conseguirla, pero no cerró el círculo. Actualmente, según la ministra de Salud, se negocia con seis laboratorios, mientras el inicio de la vacunación no tiene fecha.

Por si fuera poco, la posible segunda ola coincidiría con el período electoral, que de por sí generará turbulencias. Se esperaría que los candidatos hablen más de eso en sus campañas. Y se esperaría asimismo que en el 2021 seamos capaces de cuidarnos socialmente, en lugar de asumir que nuestra indisciplina no traerá consecuencias.