Raúl Tola

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Infodemia

“La OMS está hablando de «infodemia» para referirse a la pandemia de noticias falsas que intoxican a la población”.

El coronavirus es un arma biológica creada para controlar a la humanidad. Detrás de la crisis se encuentran personajes poderosos y siniestros como Bill Gates. La pandemia es una herramienta lanzada para acelerar la puesta en marcha de la tecnología 5G…

Un reportaje aparecido esta semana en la revista alemana Der Spiegel hace un rápido recuento de la superabundancia de teorías de la conspiración que han aparecido desde que el COVID-19 nos obligó a encerrarnos en nuestras casas. Detrás de ellas se encuentran movimientos que nunca tuvieron nada en común, incluso defendieron ideologías contrarias y fueron enemigos declarados.

Extrema derecha y extrema izquierda, antivacunas y antisemitas, anarquistas de viejo cuño y apasionados del New Age: el coronavirus está reforzando y unificando unas posiciones que se ven masivamente difundidas y articuladas gracias a Internet. Esta situación se ha extendido tanto que la OMS está hablando de «infodemia» para referirse a la pandemia de noticias falsas que intoxican a la población.

Estos colectivos conjuntados se oponen a las decisiones tomadas para frenar el avance del coronavirus, que son calificadas de «arbitrarias» o «dictatoriales». El enfado, la desesperación, el hastío y el sofoco financiero hacen que a los radicales se sumen un número cada vez mayor de personas centradas, incluso quienes nunca tuvieron mayores intereses políticos, pero han perdido sus trabajos o se han visto obligados a cerrar sus negocios.

Este es un fenómeno muy preocupante que, por supuesto, no solo ocurre en Alemania. En mayor o menor medida, el mismo diagnóstico podría hacerse en todos los países del mundo donde, a pesar de los desastrosos resultados de gobiernos que los representan –como el de Donald Trump o el de Jair Bolsonaro–, los nuevos radicalismos están encontrando un camino para expandirse como una epidemia que ataca a la razón y a nuestras democracias.

Viene pasando en el Perú, con un Congreso que ha encontrado el espacio para lanzar un torrente de proyectos imprudentes en nombre de un «pueblo» al que dice querer beneficiar pero que, en el mediano o largo plazo, terminará perjudicando. Lo más preocupante es que estas medidas solo son un anticipo de las elecciones generales del próximo año que, abonadas por la emergencia sanitaria, serán un verdadero carnaval donde se competirá por ver quién lanza las propuestas más populistas, irresponsables y disparatadas.