Trabajadores de salud combaten “agotados” segunda ola en Francia: “Es aterrador”

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17 Oct 2020 | 13:34 h
Un toque de queda nocturno entrará en vigor este viernes a medianoche en París con la finalidad de frenar la COVID-19. Foto: AFP
Un toque de queda nocturno entrará en vigor este viernes a medianoche en París con la finalidad de frenar la COVID-19. Foto: AFP

El coronavirus continúa causando estragos en el país europeo. En las últimas 24 horas se contabilizaron más de 30.000 nuevos casos.

La primera ola de coronavirus los dejó física y emocionalmente exhaustos. Pero desde hace unas semanas, en el Hospital de Montreuil, en un suburbio de París, Francia, el personal de salud deben hacer frente a la llegada de cada vez más enfermos con COVID-19.

La pandemia sigue ganando terreno en el país. En las últimas 24 horas se contabilizaron más de 30.000 nuevos casos de coronavirus, un récord. Un toque de queda nocturno entró en vigor este viernes a medianoche en París y otras ocho grandes ciudades del país para intentar frenar la nueva ola.

Entre el 20 y el 30% de las 150 personas que llegan diariamente a urgencias son pacientes COVID-19. La mayoría, con síntomas leves, son enviados a sus casas, pero cada vez son más los que son ingresados en el Hospital de Montreuil, en Seine-Saint-Denis, uno de los departamentos franceses más golpeados por la primera ola de inicios de año.

Una enfermera atiene a una anciana sospechosa de estar infectada con COVID-19 en el hospital André Gregoire. Foto: AFP

“La situación es realmente tensa”, admite preocupado el jefe de servicio, Hocine Saal. Hace tres semanas, uno o dos pacientes con COVID-19 eran hospitalizados cada día. Ahora son cuatro a cinco. Las ambulancias ya no llevan los casos más graves al Hospital André Grégoire de Montreuil. La unidad de cuidados intensivos, que tiene 12 camas, está saturada y está ocupada exclusivamente por casos de coronavirus.

El organismo regional de salud ha autorizado un aumento a 17 camas, pero esto es imposible debido a la escasez de personal. “Es aterrador. Siento que vuelvo a marzo”, dice Hocine Saal.

La situación es diferente, pero en parte peor porque durante el confinamiento que duró de marzo a mayo el número de pacientes no COVID-19 cayó drásticamente en la sala de emergencias.

“No es el caso hoy en día. El desafío es atender tanto a los pacientes infectados como a los que no. Es muy complejo. (...) Estaba más sereno en marzo”, explica el jefe de emergencias.

En modo guerrero

La unidad se ha organizado de tal manera para que los dos tipos de pacientes no se crucen entre sí. Cuatro cubículos individuales están reservados para los casos más graves de COVID-19, antes de su hospitalización. Allí, las enfermeras abandonan la simple mascarilla quirúrgica para cubrirse con un delantal, se ponen zapatillas, un gorro, guantes y una mascarilla FFP2.

Marilyn Cerf, una enfermera de 30 años, recuerda la “buena voluntad de los equipos en la primavera”. “Queríamos ayudar a la gente. Era como una misión humanitaria. Nos tomamos muy pocos días libres. Dejamos de lado nuestra vida familiar”, comenta esta madre de dos hijos.

“¿Valió la pena? Aún no tengo la respuesta (...) Me duele cuando ves a docenas de personas reunidas”, señala. No se siente preparada para hacerlo de nuevo. “No podremos aguantar si vuelve a empezar como en marzo”, adiciona.

Un toque de queda nocturno entrará en vigor este viernes a medianoche en París con la finalidad de frenar la COVID-19. Foto: AFP

Son los mismos equipos que en primavera. “Los mismos equipos, pero agotados”, sostiene Hocine Saal. “Tienen...”. El jefe busca la palabra y la suelta: “Tienen miedo”.

Muchos están pensando en renunciar. Un médico, hospitalizado en cuidados intensivos después de haber sido contaminado, renunció. No ha habido ninguna nueva contratación desde mayo.

Con información de AFP

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