Anciana de 83 años que desobedeció cuarentena para tomar sol en parque: “Lo volvería a hacer”

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18 Jul 2020 | 20:15 h
Sara Oyuela y los policías que le pidieron que abandone el parque debido a la cuarentena. Foto: El Clarín.
Sara Oyuela y los policías que le pidieron que abandone el parque debido a la cuarentena. Foto: El Clarín.

Sara Oyuela armó un revuelo en Argentina por negarse a abandonar el parque ante el pedido de cinco policías hace tres meses.

El pasado 21 de abril, hace casi 90 días, una anciana de 83 años estuvo en boca de la sociedad argentina por armar un revuelo en plena cuarentena por coronavirus. Sara Oyuela salió a tomar sol recostada en su reposera en el parque Tres de febrero, como lo hizo en los últimos 40 años de su vida, y se negó a abandonar el lugar pese al pedido de cinco policías.

El confinamiento tenía un mes en Argentina, una medida determinada por el Gobierno para evitar la propagación de la COVID-19. Una vecina llamó al 911 y la denunció. La mujer vive en el segundo piso de un edificio que da a la calle del parque, pero no tiene balcón, por eso decidió salir con sus lentes y su silla.

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Un patrullero con tres agentes y otro con dos agentes femeninos persuadieron a Sara a dejar el lugar. "Me quedo un rato más y me voy. Yo suelo tomar dos horas de sol por día", respondió. "Señora, estamos en cuarentena, no puede estar acá", argumentó la agente. "Pero si acá no hay nadie alrededor, no contagio a nadie, ¿qué peligro puedo causar? Explíqueme".

Sara Oyuela tomando sol en el parque Tres de Febrero. Foto: El Clarín.

En conversación con el diario El Clarín, contó que no se arrepiente de lo que hizo y lo volvería a cometer. “No me arrepiento de nada, lo volvería a hacer, por supuesto. Yo no hice nada de malo, soy una mujer responsable, que se cuida y toma los recaudos, piensa que soy población de riesgo... Todavía estoy esperando las disculpas por el maltrato que tuvieron los policías hacia mí, que estuvieron tan cerca que corrí el riesgo de contagiarme”.

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Su esposo, Alejandro, le pidió a su amigo, un vecino del séptimo piso que se había quedado varado en otra ciudad, que le prestara el balcón de su departamento. Desde ese día, la mujer tomó el sol hasta inicios de julio. “Teníamos la llave y él nos dio autorización, por lo que pude disfrutar de ese balcón maravilloso durante todos los días soleados hasta principios de julio, cuando empezó a bajar la temperatura”, concluyó.

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