Los anticuerpos de la COVID-19 no garantizarían inmunidad a largo plazo, sugiere estudio

22 Jun 2020 | 6:51 h
(Fotografía: Noel Celis / AFP)
(Fotografía: Noel Celis / AFP)

Científicos chinos descubrieron que estas defensas generadas por los pacientes tras recuperarse comienzan a desaparecer después de dos o tres meses.

Investigaciones realizadas por distintos médicos y científicos de China, lugar donde se inició la pandemia del nuevo coronavirus, han determinado que los anticuerpos que se genera el cuerpo humano para luchar contra la enfermedad se reducen drásticamente entre dos y tres meses después, lo que podría implicar que la inmunidad mediada por estas defensas no resistan a largo plazo.

El estudio, realizado por los especialistas de la Universidad de Medicina de Chongqing y publicado en la revista Nature, destaca la notable reducción del anticuerpo IgG después de 8 semanas de que los pacientes fueron dados de alta (fase de convalecencia temprana).

Los IgG son los que se tardan más en desarrollarse durante la infección y los que se quedan en el cuerpo para garantizar una inmunidad prolongada contra determinada enfermedad.

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Los investigadores analizaron a 37 pacientes sintomáticos y 37 asintomáticos. Detectaron que en el 40 % de los asintomáticos, los IgG desaparecieron por completo en la fase de convalecencia temprana; lo mismo sucedió en el 12.9 % de los que sí presentaron síntomas.

El estudio ha tenido réplicas en todo el mundo. La profesora de inmunología de la Universidad de Edimburgo, Eleanor Riley, ha manifestado que “los resultados de este estudio no son sorprendentes”, luego que la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtiera el pasado 24 de abril que no hay evidencia alguna que pudiera probar que los anticuerpos producidos por una infección por COVID-19 pudieran proteger de un segundo brote.

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Esto representa un duro revés para la búsqueda de una vacuna eficiente contra la enfermedad, pues el hecho de que la inmunidad sea tan corta y de que los anticuerpos no ofrezcan protección a largo plazo podría obligar a que la vacuna sea más fuerte que el virus, lo que causaría dificultades y retrasos en su desarrollo.

Recientemente, en Israel se ha probado con éxito una posible vacuna contra el coronavirus en roedores. Es el primer paso antes de comenzar las pruebas con otros animales, y finalmente, con humanos. La vacuna israelí podría estar disponible en menos de un año.