Amor y anarquía: los frikis cubanos que se inyectaron sangre con VIH en plena epidemia

Luis  Paucar

luis.paucar@glr.pe luispautem

21 May 2020 | 14:02 h
En Cuba se denomina frikis a los devotos del rock pesado (enemigo de la Guerra Fría) y el punk, del ron y las anfetaminas. Foto: AFP.
En Cuba se denomina frikis a los devotos del rock pesado (enemigo de la Guerra Fría) y el punk, del ron y las anfetaminas. Foto: AFP.

En los noventa, mientras avanzaba la epidemia del VIH/sida en Cuba, un grupo de “rebeldes” se autoinfectó para acceder a un techo y comida, pero sobre todo para tener la libertad de fluir entre rock y punk.

Gerson Govea compró una jeringa y, en un baño público de Pinar del Río, al oeste de Cuba, se dispuso a cumplir el plan que tenía desde hacía dos meses, cuando la Policía lo encontró manipulando anfetaminas.

Con uno de sus pasadores amarró el brazo de su amigo seropositivo, le pinchó la vena abultada y succionó un centímetro cúbico de sangre.

Antes de inyectársela se contuvo: “Me decía, después no te arrepientas… y yo le decía, loco, yo no me voy a arrepentir”. Arrojó la mitad y lo demás “pa’ dentro”.

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Tardó menos de diez minutos. Después se tendió a llorar. Era el año 2000, pero había oído del sida desde hacía una década: “Empezaba el comentario: no, fulano se enfermó y fulano se fue al sanatorio; ya iban cayendo ya, de a poco”.

Gerson, un friki que condenado a cumplir cuatro años de cárcel por llevar droga, prefería “morirse” antes de permanecer “encerrado”. Por eso eligió autoinfectarse.

Cuba: el movimiento punk y los frikis

En Cuba se denomina frikis a los devotos del rock pesado (enemigo de la Guerra Fría) y el punk, del ron y las anfetaminas: la juventud a la cual perseguía el castrismo.

“Al movimiento le da igual el sistema que los gobierna, son contestatarios, antisistema”, apunta a La República el fotógrafo vasco Josu Trueba, quien retrató a sus sucesores durante tres años para publicar “Al son del punk”.

En Cuba se denomina frikis a los devotos del rock pesado (enemigo de la Guerra Fría) y el punk. Foto: AFP.

Gerson era uno de esos “antisistema”.

Enfermo de sida, evitó las rejas y fue enviado a uno de los sanatorios que, desde inicios de los ochenta, el Gobierno empezó a construir para poner en cuarentena a los pacientes seropositivos de la isla. La enfermedad era entonces un gran signo de interrogación y se igualaba con la locura.

No hay datos exactos sobre los autocontagiados, pero se calcula que superaron los 200, de acuerdo a un documental de Radio Ambulante: muchos de ellos, integrantes de aquel movimiento. Minimizados por sus gustos, por la anarquía de sus cabelleras, los frikis se autoinfectaban con la aterradora idea de sobrevivir.

De hecho, una vez que ingresaban al sanatorio recibían alimentación (tres veces al día, helado incluido) y techo seguro. Escuchaban y hacían la música que querían. Pero sobre todo pasaban sus días con gente que era como ellos, que coleccionaba los mismos casetes que ellos.

Nadie, sin embargo, reparó en las secuelas.

“La gente prefería antes de estar viviendo en la calle, estar enfermo y venir para acá, para tenerlo todo, y de gratis que era lo que más influía: que era gratis, regalado”, le dijo Gerson al documentalista y productor de Radio Ambulante Luis Trelles, quien investigó la historia a lo largo de un año.

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Hasta los noventas, el sanatorio de Pinar del Río albergaba unos sesenta frikis autoinfectados o contagiados sexualmente por otros. Para el segundo milenio, cuando Gerson llegó, solo quedaban cinco.

De esa Cuba nociva ahora solo quedan dos: él y su novia, Yohandra Cardoso, también seropositiva, a quien conoció en ese moridero.

El SIDA en Cuba: ¿cómo avanzó la epidemia?

Los primeros pacientes seropositivos fueron reportados en Cuba a principios de 1986, cinco años después de que el mundo se refiriera a la enfermedad como la "peste gay”. La Habana fue el centro de la epidemia.

Las autoridades de la isla —que apenas se sacudía de un brote de dengue hemorrágico—, consideraron que los infectados debían ser confinados en sanatorios. En abril de 1986 abrió sus puertas el primero de estos centros.

El sanatorio de Pinar del Río se construyó tres años después, en 1989. Los autocontagios se dispararon con el vaivén de los noventas.

Yohandra Cardoso, también seropositiva y novia de Gerson Govea. Foto: AFP.

En el estudio “El sida en Cuba”, de Liana Rodríguez Roch (Universidad de La Habana), se lee que estos centros contribuyeron “a que la infección no se propagara con rapidez, y a que el crecimiento de la infección se comportara de forma aritmética”, pero provocaron que los pacientes se sientan “sin responsabilidad individual ni social”.

Al cierre de noviembre de 2019, la isla registraba 26.952 infectados con VIH/SIDA, según el Centro Nacional de Promoción y Educación para la Salud (CNPES).

La historia de los frikis y del movimiento punk también es parte de este profuso recuento.

SIDA: amor en tiempos de VIH

—Eran rockeros, no les gustaba trabajar. Los rockeros les gustaba que las cosas les cayeran fácil. Y como más fácil ellos lo vieron fue inyectándose de sida.

A Yohandra Cardoso, compañera de Gerson, le amputaron las piernas en 2005. Vive con VIH desde los dieciocho, tras ser contagiada por uno de sus novios.

No lo supo hasta que, ya casada con otro hombre, con un embarazo a cuestas, llegó un médico a casa para darle la noticia. La obligaron a abortar, asegura en el documental de Radio Ambulante.

Al cierre de noviembre de 2019, la isla registraba 26.952 infectados con VIH/SIDA. Foto: AFP.

“Ya después que aborté esa barriga, renuncié a tener hijos. No quise embarazarme nunca más”. El mismo Director de Higiene que había ordenado detener el embarazo la acusó de “Propagación de la Epidemia”: según la ley, un paciente seropositivo no podía estar con una persona sana.

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“Y me llevaron presa por tres años. Sin un delito, porque yo no había matado a nadie, yo no había robado a nadie, yo no había… Yo no había cometido nunca algún tipo de delito”.

Al dejar la prisión fue derivada al sanatorio de Pinar del Río y entonces surgió su historia de amor: se enamoró de Gerson, no se han separado desde entonces.

Aunque el sanatorio cerró hace una década, aún lo ocupan por disposición gubernamental. En ese moridero flotan sus mejores recuerdos. Las paredes de su casa están llenas de afiches de los Ramones y los Sex Pistols.

Aunque el tiempo y las lluvias han apañado los papeles, todavía conservan las historias clínicas de quienes eligieron ese destino feroz como forma de escape.

“¡Eran muchos! Ellos se pusieron de acuerdo todos en el 91 y dijeron todo el grupo juntos: ¡Vamos para el sanatorio! Como si fuera una fiesta”. La amarga fiesta.

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