¿El virus da votos?

“La popularidad neta no está directamente vinculada con cómo va en números la lucha contra el virus. Parece tener más que ver con la actitud de cada político frente al problema”.

Mirko Lauer
08 Abr 2020 | 6:03 h

¿El coronavirus incrementa la popularidad de los líderes en el mundo? En muchos casos definitivamente sí. Para ellos la curva de ese crecimiento irónicamente parodia la de los infectados de la pandemia. La emergencia es una ocasión óptima para ejercer liderazgo, y quienes lo logran pueden contar con un fuerte apoyo de los liderados.

Un cuadro de Morning Consult de fines del mes pasado muestra que quienes asumieron el tema con seriedad mejoraron su popularidad neta (aprobación menos desaprobación), algunos considerablemente. Visto en conjunto, el cuadro muestra que desde que se declaró la pandemia, el 11 de marzo, el mundo entero se ha colocado detrás de sus jefes de gobierno.

Guiseppe Conte, Boris Johnson, Manuel López Obrador, Emmanuel Macron, Angela Merkel, Scott Morrison, Justin Trudeau, se han beneficiado con el paso de cifras negativas a positivas, o por lo menos no tan negativas como antes. Otros, como Shinzo Abe, Jair Bosonaro, Donald Trump, no van teniendo la misma suerte.

Quizás Trump es la figura emblemática, por enigmática, de esta situación. Su popularidad neta ha caído unos diez puntos, y a pesar de la debacle sanitaria de los EEUU todavía se habla de una posible reelección en noviembre, cuando el país sin duda alguna seguirá inmerso en los problemas de la pandemia.

La popularidad neta no está directamente vinculada con cómo va en números la lucha contra el virus. Parece tener más que ver con la actitud de cada político frente al problema. Es decir si dudaron o no al inicio, si emiten mensajes que contradicen la realidad, o si se inclinan por posturas polémicas ante el micrófono.

Pero aun si no hay un vínculo directo a resultados, las popularidades de los gobernantes estos días están inevitablemente amarradas a la pandemia, casi como si el virus les hubiera entregado un nuevo mandato, específico y con un plazo definido. Allí está la frase de un premier o presidente “para la emergencia”.

A partir de un momento las aguas van a empezar a dividirse entre gobernar sobre un coronavirus ya en una segura retirada y una economía (que incluye una economía del hogar) en franco deterioro. Aquí todo dependerá de los recursos económicos y políticos de cada gobernante, y la solidez institucional del país.

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