Muertos va a haber, sigamos cooperando

22 Mar 2020 | 12:17 h

"La saturación de los servicios médicos y de salud agudizaría la pandemia, y por eso es que se toman medidas para atender solo a los más graves”.

Ni pánico ni abatimiento. Cuando las cifras de fallecidos empiecen a subir −porque subirán− hay que mantenernos firmes. La cuarentena no detiene que haya muertes, pero sí puede disminuir el número. Si no fuera por la cuarentena, el escenario podría ser de hecatombe. Y no es exageración.

“El mundo no está preparado para un brote”, decía la OMS en un artículo del New York Times el 25 de febrero cuando la noticia era solo China. ¡Febrero 25! ¡Es ahorita! Pero parece hace una eternidad por cómo ha avanzado la pandemia. Solo un mes después, al 20 de marzo, son más de 10.000 muertos en el mundo y más de 240.000 infectados.

La OMS estaba en lo correcto: nadie, ni los países más estables económicamente, ni los que tienen un mejor sistema social de salud, nadie estaba ni está preparado para atajar esto sin muertes. Las medidas estrictas que algunos países como Perú tomaron desde los primeros casos son el único y mejor paliativo para reducir infectados y muertes.

Y es que no solo el virus mata. La saturación de los servicios médicos y de salud agudizaría la pandemia, y por eso es que se toman medidas para atender solo a los más graves.

La OMS estaba en lo correcto: nadie tuvo ni tiene suficientes test para toda su población con sospecha de síntomas. Nadie. Acá en EEUU donde estoy, por ejemplo, es un escándalo. Trump ninguneó el inicio de la pandemia diciendo que era un “hoax”, un fraude, y que pasaría rápido. Había despedido al equipo experto en pandemias hace meses porque dijo que para qué pagarle a gente que no está hacienda nada. Ahora Trump ha aprendido, presionado por las circunstancias mortales, a confiar en la ciencia.

El resultado de su negligencia: en EEUU no hay pruebas suficientes ni para quienes estén enfermos con los síntomas, excepto que puedan probar que estuvieron en contacto con alguien que dio positivo en los últimos 15 días o que llegaron de Irán, Italia, Corea del Sur o China. O si tienes síntomas, estás muy grave y no diste positivo en otras pruebas. Si no cumples una de las tres te mandan a tu casa, aunque estés enfermo. No te hacen la prueba. Punto.

Si bien es imposible saber cuánta gente en realidad está infectada, por lógica son muchos más de los que están contabilizados. Y las cifras seguirán subiendo mientras haya más test para más gente y porque el contagio, aunque mitigado, continúa pese al aislamiento.

La buena noticia es que cada uno de nosotros es agente, o de mayor contagio, o de detención. Si todo lo demás parece fuera de nuestro control, nuestro cuerpo y lo que hacemos con él es sobre lo que más control tenemos. Ejerzamos ese control.

La otra buena noticia es que hasta el sábado China llevaba tres días sin reportar nuevos casos. Tomando en cuenta que el primer caso se detectó el 19 de noviembre del 2019, podemos estimar que tomará de 3 a 4 meses volver a cierta normalidad si todos cooperamos. La mejor noticia: pasará. No sin daños, pero pasará y habremos perdido a algunos… y habremos aprendido mucho sobre cómo todos estamos fisiológica y socialmente conectados y cómo nuestro mandato y posibilidad de subsistencia en este mundo son la interdependencia y los cuidados mutuos. Ajustemos los cinturones y contribuyamos a que la espera sea menos angustiante.

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