Urbanismo feminista: ¿qué es y cómo puede contribuir en la ‘nueva normalidad’?

30 Jun 2020 | 14:03 h
El urbanismo feminista, aunque con un nuevo elemento: visibiliza y expone la relación que tiene el patriarcado (sistema opresivo que pone al hombre como centro) con la planificación y construcción de los espacios públicos en las ciudades. Foto: Composición / Mapasin.

La inclusión de las mujeres y otras poblaciones vulnerables en los espacios públicos, así como en el diseño de estos, es una forma de derribar desigualdades tras el fin del confinamiento

Tras el fin de la cuarentena impuesta por la expansión del nuevo coronavirus en diversos países del mundo, las personas están poco a poco saliendo a las calles y adaptándose a la llamada ‘nueva normalidad'.

Sin embargo, así como el sistema de salud y las tareas de cuidado, el espacio público también representa desigualdades. Por ello, el urbanismo feminista plantea un nuevo modelo de pensar y diseñar las ciudades para una nueva y mejor convivencia.

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El filósofo y sociólogo Henri Lefebvre planteó, a fines de los años sesenta, la necesidad de reapropiarse de los espacios públicos y teorizó acerca del derecho a las ciudades por parte de la población.

En esa misma línea nace el urbanismo feminista, aunque con un nuevo elemento: visibiliza y expone la relación que tiene el patriarcado (sistema opresivo que pone al hombre como centro y que se relaciona directamente con el capitalismo) con la planificación y construcción de los espacios públicos en las ciudades.

De acuerdo a Col·lectiuPunt, cooperativa de arquitectas, sociólogas y urbanistas de Barcelona, ‘‘hablamos de urbanismo feminista y no solamente de urbanismo con perspectiva de género porque si bien el ‘género’ es una herramienta analítica que nos permite visibilizar las diferencias en los usos de los espacios por el hecho de ser mujeres y ser hombres, y las tareas, estereotipos  y roles que se le atribuyen a cada uno; vamos un paso más allá y analizamos cómo estos roles de género influyen y tienen implicaciones directas en las decisiones urbanas’‘.

Pensar en un urbanismo feminista implica poner el foco en las necesidades de las mujeres, quienes se ven mayormente afectadas por desigualdades estructurales. Foto: Composición / Kyiv Mhyola.

De hecho, son las mujeres feministas quienes a través del activismo han cuestionado durante décadas su lugar en el mundo y los roles que se les asigna solo por el hecho de serlo; incluso en los espacios públicos.

‘‘El urbanismo feminista reconoce que la planificación urbana da prioridad al sistema capitalista [...] pero también recalca la existencia de un orden simbólico masculino que se aferra a la distribución desigual de lo público y lo privado'’, señala un artículo especializado del portal mexicano feminista Malvestida.

En ese sentido, el diseño de áreas en el espacio público se orienta principalmente a las actividades remuneradas y no suelen ser peatonales porque priorizan los estacionamientos y lugares para desplazamiento de autos, por ejemplo.

‘‘Así, los espacios donde se lleva a cabo el trabajo no remunerado se vuelven insignificantes. Que a la mujer se le relegue a lo privado y los cuidados invisibiliza la violencia patriarcal en ese ámbito, refuerza su exclusión en lo público y la posiciona frente a una ciudad que no ha tomado en cuenta sus deseos, exigencias y necesidades'‘, señala el artículo.

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Incluir la perspectiva de género en el urbanismo implica repensar los espacios de acuerdo a la situación actual de vulnerabilidad que viven las mujeres e incluir sus vivencias en el diseño de las ciudades; creando y/o mejorando los espacios de cuidados de niños, alumbrado público para las que deban caminar solas por la noche, entre otros.

El colectivo Col·lectiuPunt da las siguientes recomendaciones para la adaptación de los espacios públicos, que pueden ser tomadas en cuenta frente a la inminente ‘nueva normalidad’ que vive el mundo con la reanudación de actividades tras la pandemia del nuevo coronavirus:

- Que los lugares de venta esencial queden cerca de los hogares, se pueda ir a pie o en transporte público.

- Que se puedan encontrar comercios y transporte público de fácil acceso sin importar edad, origen, diversidad funcional, entre otros aspectos.

- El urbanismo feminista debe ser de acceso universal y con garantíz de seguridad para transitar los espacios de forma segura y libre; especialmente para las mujeres.

- El diseño debe realizarse en base al colectivo urbano, que tenga en cuenta, valore y visibilice la realidad de las mujeres.

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