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Espectáculos

Juan Pablo Fernández: “Quisiera que la salsa sea un boom en El Huaralino”

El administrador de la casa de la cumbia pone los ojos y la agenda en lo que él denomina “un boom”. Revela también cómo ocupó su puesto y cuáles son sus otros negocios musicales.

Juan Pablo Fernández dirige El Huaralino Internacional, la casa sello de los mejores eventos musicales de cumbia tropical y sanjuanera. Foto: Pilar López / composición de Fabrizio Oviedo / La República
Juan Pablo Fernández dirige El Huaralino Internacional, la casa sello de los mejores eventos musicales de cumbia tropical y sanjuanera. Foto: Pilar López / composición de Fabrizio Oviedo / La República
Camila Vera

El Huaralino vacío es una imagen insólita. Sin embargo, a la luz del mediodía y con un escenario en construcción, el recinto símbolo de Lima Norte nace en soledad, se robustece con cajas de cerveza —500 o 1.000 según el evento— y después, bajo la logística de Juan Pablo Fernández Chávez, extiende destellos y gloria para recibir a una concurrencia que clama música. El piurano de 55 años sintetiza con retórica el prestigio de este centro de espectáculos: “¿Qué orquesta no ha pasado por aquí?”.

Los grupos de cumbia con mayor eco nacional han dejado su huella en cada concierto y también en la pared. De izquierda a derecha, y rotulados con el enunciado “Música es vida”, desfilan en un vinil de talla XXL Los destellos, Grupo Guinda, Deleites Andinos, Los Mirlos, Corazón Serrano, Los Hijos del Sol, Zafiro Sensual y alrededor de una cincuentena de logotipos multicolores.

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Las fotografías del muro contiguo están encabezadas también por un mensaje corto pero de carácter amplio: “Muchas gracias, Lima”. El mismo agradecimiento habita en Pablito —como lo llaman empresarios y artistas— desde hace 35 años, cuando dejó La Matanza, Morropón, y migró a la capital. “Una decisión que tomé por sobresalir, porque yo me he criado huérfano”, confiesa.

El Huaralino antes del denominado el "Tonazo del Año" por el aniversario 38 de Pintura Roja. Foto: Pilar López / La República

Saby Star y Saby Producciones alrededor de El Huaralino

La muerte de su madre y la música, en ese orden, le otorgaron otra lectura a su infancia. Sabina tenía 32 años, siete hijos y la responsabilidad de atender la chacra pese a un sobreparto.

“Un día antes de fallecer me habló. (...) ‘Pablo, cuídame a mis ñañas’, me dijo. Son palabras que a veces me conmueven”. La reiteración de la primera persona es común en la ciudad del eterno calor, pero en esa ocasión reflejaban una súplica materna, la misma que el ahora administrador de El Huaralino tomó como reto: “Eso hizo que yo haga lo que estoy haciendo”, asegura.

Y se refiere al mundo musical. Saby Star y Saby Producciones son sus negocios. El primero es una radio en su pueblo y el segundo es una productora que orienta a grupos como Megafiesta, un conjunto sanjuanero del cual también es dueño.

“La música sanjuanera la llevo en la sangre”, cuenta quien alguna vez fue un niño de 8 años que, con latas y tapas de ollas, conformaba una orquesta momentánea y lúdica junto con los amigos del barrio.

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“Pablo, soy amigo del administrador de El Huaralino”

Cuando el niño creció y tuvo casi 20, cursó en Lima, en una escuela nocturna, cuarto y quinto de secundaria. Después “era todo estudiar y trabajar, estudiar y trabajar”. “Entré a Telefónica, me especialicé en Telecomunicaciones. Viajé a Panamá, Costa Rica, Nicaragua. Me mandaron a hacer unos trabajos allá. Renuncié a Telefónica y monté una radio en mi tierra”, resume Pablo.

—¿Y cómo llegó a El Huaralino?

—Esa es otra historia. Conocí a un amigo, era locutor en ese tiempo de radio Inca Sat, y me dice: “Pablo, soy amigo del administrador de El Huaralino”. Vine, hablé con el señor, nos hicimos amigos y me preguntó: “Oye, ¿quieres trabajar?”. Entré a la sociedad, luego el señor se retiró y me quedé yo al frente como administrador.

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Francisco Farroñay, el primero al mando, había logrado que el espacio destinado a eventos deportivos se convierta en una casa para los grupos emergentes. Por eso, cuando Pablo tomó la tutela en 2008, continuó con la transformación. “Antes en El Huaralino se hacía un evento cada 15 días, pero cuando yo entré comenzamos a hacer una logística con mis hijos. Antes solo entraba la cumbia tropical y cumbia sanjuanera; en cambio ahora estamos haciendo cumbia tropical, cumbia sanjuanera, rock, techno...”.

—¿Cuál ha sido la dinámica empresarial que le ha permitido sostener a este local en el tiempo? Incluso ha enfrentado una pandemia.

—Cuando vino la pandemia en el mes de marzo de 2020, ya teníamos en el local muchas fechas separadas con varias orquestas. (...) No devolvimos la plata, pero llegamos a un acuerdo para hacer una reprogramación. Tampoco pensé que la pandemia iba a demorar mucho, yo pensé en dos o tres meses, y se prolongó por dos años.

La medida que yo tomé fue que le di el local gratuito a la Diris de Lima norte. Acá instalaron un call center y había 300 o 400 doctores al día. A paciente que llamaba, los doctores salían a hacerle la prueba. En este local salvamos muchísimas vidas.

—¿Ha podido recuperarse de las pérdidas económicas que le dejó la pandemia al cancelar eventos?

—Bueno, recuperar no, pero yo creo que más que suficiente es que estamos vivos y sanos.

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El Huaralino, un proscenio de fe

Suficiente también fue su osadía para ceder las instalaciones sin consultar a los dueños. No recibió reproches, sino felicitación: la confianza ya la tenía. De este episodio queda hoy una virgen de yeso que los médicos dejaron al pie de la zona vip. “Le pongo velas cada semana”, agrega. Su fe no es una novedad pandémica: antes de que la COVID-19 llegara a imponer cuarentenas, peregrinó tres veces al encuentro del patrono de Ayabaca, el Señor Cautivo.

Entonces, la convicción acerca de sus propios límites lo llevó a tomar un riesgo más: abrir las puertas y promocionar el primer concierto presencial en 2021. “Me demoré más o menos tres meses para poder hacer la logística, para poder armar permisos, tocar puertas al Ministerio de Salud, al Ministerio de Cultura. El mismo día del evento tenía miedo porque no sabía qué era lo que se podía venir, estábamos en pandemia y nos podía caer una denuncia”. Pero resultó lo contrario: el 3 de julio fue un hito para la reactivación de la industria.

Con Corazón Serrano en la delantera, El Huaralino anunció su reapertura. Foto: Facebook / Corazón Serrano

—¿Ha pensado alguna vez en comprar El Huaralino?

—No. Este local debe ser carísimo. Sí, me gustaría tener un local como El Huaralino, pero no se me abrió la mente porque no creo que los dueños lo vendan. Y si se diera, ¿quién no quisiera tener un local así?

Lo que sí le pertenece es un calendario ceñido de presentaciones en lo que queda de 2022. “Le voy a mostrar mi agenda. No tengo fechas libres: sábados y domingos están copados hasta diciembre. Yo creo que esto es a raíz de que nosotros hacemos una logística con la que apoyamos al organizador”, enfatiza.

Tampoco alcanzó el espacio para las vacaciones: no lo hay desde 2008, a excepción de 2015, cuando la administración estuvo a cargo de Agua Marina. “El día en el que quiero descansar es cuando más suena el teléfono”. Vibra el Android. Cuelga. Vibra otra vez. Vuelve a colgar. “Todos los que estamos en el rubro de la música, en el Día de la Madre, Navidad o 31 de diciembre, nunca la pasamos con la familia, siempre la pasamos trabajando. Es un estilo de vida, son las circunstancias del trabajo”.

La agenda de 2023 sigue el mismo ritmo. Armonía 10, por ejemplo, conoce bien la norma —reservar con máximo un año de anticipación y con un mínimo de tres meses— y ya tiene aseguradas las citas con sus fanáticos.

¿Qué tipo de eventos no se han realizado aún en este local, pero le gustaría que se llevaran a cabo?

—Me gustaría seguir impulsando un poco más la salsa. (...) Es el único género. Sí, ha dado, pero con grupos grandes. Si hacemos un baile así solo, todavía está frío. Todavía estoy luchando para posicionar ese género, quisiera que sea un boom en El Huaralino.

—¿Y usted baila?

—Sí, cuando se puede. (Ríe)