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Tanaka: “Los dos generan dudas razonables de que podrían atentar en contra de la democracia”

María Elena Castillo

Cargas. Tanaka dice que el recuerdo de las esterilizaciones forzadas pesarán en el tramo final. Foto: La República
Cargas. Tanaka dice que el recuerdo de las esterilizaciones forzadas pesarán en el tramo final. Foto: La República

Entrevista al analista político e investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), quien afirma que el carácter minoritario de Perú Libre “empuja a Castillo a intentar una nueva mayoría a través de la convocatoria de una Asamblea Constituyente”.

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Los candidatos juramentarán la Proclama Ciudadana por la Democracia, ¿cuánto se puede confiar en sus palabras?

Es un gesto que los compromete en cierto modo; de forma tal que, si no cumplen y abiertamente actúan en contra de lo que han suscrito, uno espera el costo político, la censura, el descrédito, la pérdida de credibilidad que eso conllevaría, los debería conducir a intentar respetarlos. El valor que tiene es elevar el costo del incumplimiento e incentivar el respeto a esos compromisos. En esta coyuntura es lo mejor que se puede hacer. No hay nada que garantice que cumplan, pero por lo menos elevamos el costo de actuar abiertamente en contra de sus compromisos.

Cuando habla de censura, ¿refiere a la población o al Congreso?

Es una censura política, ciudadana, porque el compromiso se firma ante la ciudadanía. Y eventualmente podría traducirse a iniciativas políticas en el Congreso, pero eso depende de muchos otros factores que manejará el próximo Parlamento.

Y depende quién gane, pues un sector señala que sería más difícil exigirle cumplimiento a Keiko Fujimori, ya que tiene varias bancadas de su lado.

Aparentemente, a ella le sería un poco más fácil armar mayoría congresal, pero también es cierto que con dicha mayoría se puede violar la autonomía de los poderes públicos o ir en contra de los avances en derechos humanos, cuyo respeto es bueno para la democracia en el país. Y los dos generan dudas razonables de que podrían atentar en contra de ella.

En las redes se escucha mucho el discurso de que sería más fácil vacar a Pedro Castillo si no se vuelve un dictador que a Keiko, ¿coincide?

Hay riesgos en los dos lados, y son diferentes. Es cierto que con Keiko Fujimori se puede formar una mayoría muy conservadora, que atente en contra de algunos derechos. Y eso lo hemos visto cuando Fuerza Popular tuvo mayoría absoluta en el Congreso del 2016. Si uno suma a Keiko Fujimori en el Ejecutivo y a una bancada mayoritaria, uno se imagina el riesgo de una conducta autoritaria y distante de la ciudadanía. Y del otro lado, el carácter minoritario de Perú Libre en el Parlamento, empuja a Pedro Castillo a intentar construir una nueva mayoría a través de la convocatoria de una asamblea constituyente, y la elección de un nuevo Congreso a mediano plazo. Y esto porque está en minoría y porque a él le resultaría muy difícil gobernar con el Parlamento que acaban de elegir. El tema de la asamblea constituyente, en parte, tiene que ver con el contenido de la Constitución que se quisiera cambiar, pero más es porque le da una oportunidad de construir una mayoría y tener más poder para imponer sus planes.

Lo que también es peligroso...

Así es. Por eso, el compromiso va en la dirección de que se respeten los procedimientos y la autonomía de las instituciones.

¿Las reuniones de Pedro Castillo con cuadros de Nuevo Perú y el anunciado Plan 100 puede ayudarlo a volver a ampliar la distancia con su contendora o ya es muy tarde?

Todo parece indicar que la elección se está emparejando y gran parte de eso tiene que ver con la sensación de improvisación que genera la candidatura de Castillo. Todo parece indicar que será una elección muy peleada. Está muy bien que Castillo entienda que gobernar un país tan complejo como el nuestro requiere apoyos muy grandes, construir coaliciones grandes y armar un equipo mínimamente solvente. Una cosa es ser candidato de un grupo que, creo, no tenía muchas expectativas de ganar, y otra es asumir las tareas del Gobierno.

La mochila más grande de Castillo es Vladimir Cerrón, ¿se puede creer el distanciamiento que ahora hace el candidato?

Creo que no, porque el señor Cerrón es el líder del partido que lo está llevando a la presidencia y va a tener mucha influencia en la representación parlamentaria. Lo que vivimos en estos días, anuncia una situación en la que si Pedro Castillo gana, seguramente su propia bancada será indisciplinada, seguramente se va a fraccionar. Le va a ser difícil tener mayoría porque ni su propia bancada lo respaldará al cien por ciento.

Cerrón no será su Montesinos, ¿entonces?

No. Está claro donde está situado cada quien. Castillo, como eventual presidente, armará su equipo de gobierno; y Cerrón va a influenciar a través del liderazgo en el partido y en la bancada congresal. Es inevitable que tengan que coordinar y trabajar juntos. Tendrán que llegar a algún tipo de acuerdo, sino corren el riesgo de fraccionarse.

En las elecciones del 2011, impactó la frase de un vocero de Fuerza Popular que señaló “nosotros matamos menos”; ahora Keiko Fujimori dice que las “mal llamadas esterilizaciones forzadas” era un programa de planificación familiar ¿le costará votos?

La intención de voto se define por muchos factores. Creo que los dos candidatos están cometiendo errores, tienen traspiés de vez en cuando. Y conforme vuelva a activarse el movimiento antifujimorista que fue decisivo, muy importante en las últimas dos campañas, como ya lo está haciendo, el recuerdo de las esterilizaciones forzadas y muchas otras cosas, va a pesar cada vez más en el tramo final de la campaña.

Del otro lado, está el audio de Antauro que acaban de difundir, en el que se jacta de tener poder sobre Castillo, quien hoy se ha reafirmado en su posible indulto. ¿También le restará puntos?

Ciertamente. Así como el antifujimorismo se va a activar y pesará en la campaña, también lo hará el miedo al autoritarismo, a una versión radical extrema asociada a Castillo, además vinculada a prácticas violentas. Será una elección muy peleada, muy crispada, muy polarizada.

¿Influirá más el cambio al modelo económico o el miedo al comunismo?

Es difícil decir, pero tengo la impresión de que otras cosas son las que están pesando. La propia Keiko Fujimori dice que hay que hacer cambios al modelo económico; esa discusión quedó atrás. La dinámica de la campaña la ha llevado a eso. Y del otro lado, el miedo al comunismo es una bandera demasiado abstracta y que funciona para los sectores altos y medios, pero no para la gran mayoría de las personas. Lo que creo que sí pesa del lado de Fuerza Popular es una conducta asociada con el fujimorismo, que es la arbitrariedad, la prepotencia; y del lado de Castillo, es el miedo al caos, al desorden, a la improvisación, y que, en medio de eso, algunos sectores como el que representa Antauro Humala y otros, puedan fortalecerse. Y eso es lo que va a inclinar la balanza a un lado o el otro.

¿Cómo ve el papel de los medios en esta contienda?

Creo que los medios están siendo protagonistas y víctimas de esta crispación y polarización. Un sector muy importante de la prensa claramente está jugado por un candidato, están haciendo activamente campaña a favor de uno o de otro; y aquellos que intentaban tener coberturas más objetivas, les está resultando tremendamente difícil porque hay presiones empresariales que empujan en una dirección o en otra. Recordaremos esta elección como un proceso en el que los medios se vieron involucrados totalmente en la crispación y la polarización y cómo se expresó en sus líneas editoriales, totalmente jugadas en un sentido o el otro.

En una reciente columna dijo usted que en cada elección pensamos que no será peor, ¿podría serlo el 2026?

Tal como están las cosas, eso es ciencia ficción, pero creo que hemos llegado a una situación tan baja que queda la esperanza de que la percepción de que no podemos seguir así, de que el país es invivible, inviable, por la lógica como ha venido funcionando, emerja la conciencia de que se necesitan desarrollar políticas de estado, generar acuerdos que permiten hacer cambios importantes, pero que se asegure un mínimo de estabilidad en el país, que es lo que la gran mayoría de peruanos quiere. Hay posibilidades de construir ese sentido común, ese consenso, pero aparentemente tenemos que estrellarnos contra la pared para darnos cuenta que son inviables proyectos basados en la exclusión y la satanización de los otros. Ojalá que ese sea el aprendizaje que saquemos de esta segunda vuelta tan polarizada.

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