‘La rutina’ de Mike Bahía

La huida de Colombia a causa de la narcoviolencia, el ultimátum de su padre y su postura ante las letras machistas del género urbano. Una plática con Mike Bahía, intérprete y coach de La voz Perú.

La Republica
Antes de la fama, Mike estudió administración y trabajó en una oficina. Foto: archivo personal
Luis  Paucar

Es casi una conversación clandestina. Se postergó la semana pasada porque la agenda de Michael Egred Mejía Mike Bahía para el mundo— está ajustada al milímetro. Las entrevistas apremian. Ha hablado de su paso como coach por La voz Perú; de su próximo lanzamiento, ‘Colorao’, en colaboración con Lenny Tavárez; de su participación en el clip de ‘Lejos conmigo’, interpretado por Alejandro Sanz y Greeicy Rendón, su novia; y de la distancia que los separa. Estos últimos días han transcurrido del hotel al set de TV, a alguna cabina radial y después nuevamente al hotel. Apenas hay tiempo para el almuerzo. Son las 2.00 p.m. del jueves. Va por la carretera camino a un restaurante limeño. Ha accedido a conversar durante diez minutos vía WhatsApp, recostado en el asiento del auto.

—Así están las cosas, parce —dice, relajado pese a todo—, pero empecemos cuando quieras.

Mike Bahía nació en Cali, esa ciudad del Valle del Cauca convertida hace tres décadas en base de operaciones del cártel adverso al de Pablo Escobar. Creció en un país desangrado por la narcoviolencia. Apenas bordeaba los tres años cuando estalló el peor episodio de la historia colombiana. De acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), esa guerra generó uno de los éxodos más emblemáticos de la región. Entre los colombianos desplazados entonces estuvo Mike y su familia. Huyeron como tantos, en los noventas, a Venezuela, exactamente a la isla Margarita.

—Tuvimos el privilegio de preservarnos en ese oasis —recuerda Mike—. Venezuela nos dio tranquilidad. Allí, en la isla asistí a una escuela que quedaba al lado del mar. Estudiaba viendo las olas.

Dominaba la guitarra, tenía nociones de piano y practicaba ejercicios circenses. Se lo había inculcado su padre, Santos Egred, el menor de los famososhermanos conocidos en América Latina por el espectáculo que lleva su apellido. Por ese trabajo sobrellevó una infancia nómada. Una vida bajo la carpa. De Venezuela migraron a Ecuador, donde vivieron unos meses, y retornaron a Colombia en medio del proceso de paz.

—De todo lo que bebí en esos años se fue construyendo mi carrera —apunta Mike—. Creo que me estaba forjando el carácter. Esas vivencias me han levantado cuando las cosas no han ido bien. Ahora está de moda querer ser artista. La gente dice ‘mira, qué fácil’, pero nadie habla de cómo se batalla o cuánto debes pasar para que finalmente suceda.

Le había dicho a su padre que quería dedicarse a la música, pero él lo objetó enseguida y lo matriculó en la facultad de Administración de Empresas en una universidad caleña. Mike Bahía la cursó para mantenerlo satisfecho y, mientras tanto, cantaba en una banda de rock local llamada Capzula, formada en las aulas de la secundaria y con la que grabó algunos sencillos. Una vez graduado, ejerció su carrera durante un año. Era el personaje detrás de la notoriedad de otros.

—Ese período fue un descubrimiento porque entendí que podía desarrollar mi propia marca. Había un impulso que me decía ‘dedícate a cantar’. Entonces, creé mi nombre artístico para tener un discurso más convincente de que mi trabajo funcionaba.

Eligió Mike por su nombre de pila, y Bahía por Salvador de Bahía, la ciudad brasileña que le fascinaba.

—Bahía es también una entrada de mar y, frente al mar, estuvimos a salvo. Era significativo. En ese momento despegó todo lo demás.

Tenía 25 años cuando se enteró de un casting en La Voz Colombia. Postuló con un video publicado en el canal de YouTube que solía emplear como herramienta de trabajo con los artistas que promocionaba. Envió el link y esperó. No tardaron mucho en confirmarle que había logrado un pase a las audiciones a ciegas. Su padre lo acompañó al set aquel octubre de 2013. Los jurados (Gilberto Santarosa, Ricardo Montaner, Andrés Cepeda y Fanny Lu, a quien eligió) giraron las sillas. Años después, ya como coach en el programa de Latina, ese episodio lo volvería más empático con los participantes que juzgaba. Fue eliminado tras su primera ‘batalla’, pero las ganas de devorarse el mundo quedaron intactas.

En 2020 lanzó ‘Cuenta conmigo’ colombiano junto a Llane, PJ Sin Suela y Mozart La Para. Foto: difusión

El ultimátum

—Mi padre fue muy duro en ese momento —recuerda Mike—. Le dije que era hora de ser solista, pero él tenía cierta desconfianza a pesar de que me apoyaba. Me sentó cara a cara y dijo: ‘Te voy a apoyar, pero si no suenas en la radio de aquí en tres meses, te olvidas de todo’.

Y, sin embargo, aceptó. A principios de 2014, con el temor de ese ultimátum, lanzó ‘Buscándote’, su primer sencillo, una letra que se viralizó en Sudamérica y lo catalogó como artista revelación. El tema está tatuado en su cuello. Al final de ese año llegó ‘Estar contigo’, que abrió paso a giras internacionales. Después, ‘Tarde’, ‘La muñeca’, y otros doce temas. Su último hit, publicado en pandemia, se llama ‘La rutina’ y aborda su vínculo con la cantante Greeyci, su novia desde 2013. Tiene un Grammy Latino al mejor artista nuevo y hace poco fue nominado a los Premios Juventud. Los críticos lo han llamado “un fenómeno”. Mike Bahía hace música urbana, pero se declara en contra de las letras machistas que abundan en este género.

—Yo hablo de otras cosas. Soy curador de mi música porque quiero sentirme seguro de lo que estoy diciendo, no quiero que la letra me avergüence.

Planea convertirse en padre dentro de poco. Arena. Así le gustaría que se llamara su hija. Lleva ese nombre tatuado a la altura de la garganta: “Todo lo que pase por aquí va a ser escuchado por ella, y quiero que la haga sentir orgullo”. Tiene 35 años, una docena de perros, dos gatos, algunos animales de granja. Esta tarde de jueves, en Lima, acaba de estacionarse en un restaurante. En unas horas, durante la final de La voz Perú, recibirá su primer Disco de Oro. Cuando acabe el show, tocará para sus fans sentado en el techo de una camioneta y aferrado a su guitarra. Pero eso será después. Han pasado los diez minutos cuando dice:

—Ojalá haya servido para conocerme, parce, a ver qué se puede armar con esto.