Mónica Sánchez: “Hay momentos en la vida que si no te ocurren, no sabes de qué estás hecho”

Raúl Mendoza

Mónica no ve en el panorama político un líder con la energía para dirigir el país con firmeza y eficacia. Foto: Jorge Cerdán / La República
Mónica no ve en el panorama político un líder con la energía para dirigir el país con firmeza y eficacia. Foto: Jorge Cerdán / La República

Actriz, activista.

Para Mónica Sánchez el 2020 fue un año muy duro, por la pandemia del COVID-19, que nos paralizó a todos, y porque su hija Miranda fue diagnosticada con Linfoma de Hodgkin. Hoy la adolescente ha sido dada de alta y Mónica cuenta cómo vivió esos momentos tan difíciles. Ha vuelto a su papel de Malena en De vuelta al barrio, sigue siendo una ciudadana interesada en el destino del país, y está agradecida con la vida.

¿En qué circunstancias te sorprendió el anuncio de la cuarentena en marzo del año pasado?

Estaba trabajando. Empezaba la cuarta temporada de De vuelta al barrio, y empezábamos un año más. Ahí llegó el primer anuncio de quince días de para. Y paramos.

¿Qué fue lo más difícil para ti de ese periodo de aislamiento?

Una de las primeras cosas que me ocurrió, de manera muy personal, es que por mi trabajo y mi vida misma soy una persona bastante dinámica. Estoy acostumbrada a usar mi cuerpo para expresar, para contar historias, a tener mis emociones disponibles, a tener un rimo laboral intenso como es el de la televisión. Y detener eso que yo traía desde hace trece, catorce años, fue fuerte. En mi caso ocurrió algo muy particular. Primero ¿qué hago con toda esta energía que esta tan presente siempre en mis actividades? Ahí apareció el empezar a relacionarnos con el espacio más íntimo y doméstico. Desde lo físico primero, la limpieza, el orden, qué se yo, pero creo que tempranamente escuché esta necesidad de hacer pausa en una inercia de vida que nos estaba llevando a una circunstancia nada favorable. Era como necesario ponerle un alto a todo. Pero en ese momento no imaginábamos que iba a durar tanto tiempo. En ese momento era genial: viene bien una pausa, una tregua, un descanso. Obviamente, desde el lugar del privilegio que es tener trabajo, desde ese lugar venía bien un descanso. Yo lo necesitaba hace mucho. Y después se extendió y se convirtió en un proceso más complejo, de otra índole y de mayor introspección. Yo hace mucho que soñaba con un año sabático y lo viví como una tregua que me venía bien. Porque volví a un espacio pendiente como es la tarea doméstica, estar muchas horas en mi casa, a un contacto de todo el día con mis hijas. Todo el día dedicado a un espacio que para mí como para muchas mujeres en el Perú está pendiente, porque el día de hoy las mujeres somos proveedoras, tenemos que salir de casa muchas horas. Esa pausa en mi caso me vino bien.

En algún momento tus compañeros se reintegran a la serie y tú pides licencia porque durante la pandemia le diagnosticaron cáncer a tu hija. ¿En qué circunstancias se enteran de esto?

Literalmente de la noche a la mañana aparecieron unos síntomas y fuimos al médico. Y prontamente hubo un diagnóstico. Entonces estábamos en cuarentena y hubo que atender esa circunstancia insospechada que rompió nuestra vida, que nos dio un remezón importante. Por otro lado, la vida es tan sabia, todo estaba detenido. Entonces lo pude vivir a cabalidad, estar con ella todo el tiempo del mundo. Que mi hija siendo adolescente, viva una situación así sin sentir que se perdía del mundo. No era “paran el mundo y yo me quedo abajo y todo sigue”. Todos estábamos detenidos. Entonces, de alguna manera, anímicamente también jugó a favor. No es que tú estás mal y el resto continúa viviendo, sino que todos nos hemos detenido y todos estábamos guardados. Eso sumó, incluso para el cuidado de ella. El no poder salir, el no socializar, la ponía a salvo en su situación de persona vulnerable con una neoplasia.

¿La pandemia no complicó las cosas: para trasladarse, para salir al exterior?

Había traslados a la clínica, porque Miranda se tenía que internar una vez al mes durante cinco días. Pero no había inconvenientes. Más bien fue favorable que todo estuviera detenido, aséptico. Para una chica adolescente, imagínate dejar de ir al colegio, que todos sus amigos estuvieran saliendo, que toda la vida social ocurra y tu quedes fuera. Felizmente el colegio era en casa, la vida social era en casa, todo era en línea. Ella tiene un temperamento bastante sólido. Lo vivió con mucha serenidad. Y pudo seguir con sus dinámicas de vida social y de colegio.

¿Qué experiencia, qué aprendizaje, deja una situación tan fuerte como esta?

A entender la dimensión de la vida misma. A entender lo altamente vulnerables que podemos ser. Creo que hay momentos en la vida que si no te ocurren no sabes de que estás hecho. Y este es uno de ellos. Mucha gente me decía: “Mónica, tienes que ser fuerte, estar firme, porque tu eres la mamá, por tu hija”. Y debo decir que mi hija es una niña especial, tiene un espíritu antiguo, más antiguo que el mío. Ver la serenidad y la ecuanimidad con que Miranda asumió vivir esto. Sabíamos además que era curable, estando en muy buenas manos profesionales. Y mucho acompañamiento adicional. A mí me dio mucha serenidad verla a ella serena. Obviamente el corazón se te pone en la boca, el cuerpo se estremece, una noticia así es muy fuerte. Sin embargo, siento que en los últimos años yo venía trabajando en mi persona, porque la vida es tan compleja, tan hostil, tan estresante que es una decisión muy personal elegir como la vive uno. Creo que la vida es sabia porque todo ese trabajo previo que hice a nivel personal me sirvió para sostener este periodo y esta experiencia. Una vez que procesas toda la información, lo que toca es vivir la experiencia. Y con la confianza de que va a pasar, porque felizmente ese era el caso de Miranda. Sabemos que el cáncer es curable si es detectado a tiempo, es prevenible. Esto lo he dicho muchas veces en muchas campañas y ahora me ha tocado a mí. Además mi hija tenía una neoplasia amable, es joven, tenía todo a favor.

¿En el acompañamiento que hiciste a tu hija, conociste otras personas pasando por lo mismo?

En la clínica, en el área de oncología pediátrica, tuve la oportunidad de conversar con algunas personas. Pero como estábamos en la pandemia era una dinámica distinta a la habitual. Entonces creo que cada uno estaba viviendo su experiencia en términos más privados. Lo que me ocurrió es que conocí a Lis, una mujer increíble, hace dos años. Y ella estaba en una etapa terminal. Ella decidió hacer pública en Twitter su experiencia y escribía unos hilos muy bonitos, que generó que mucha gente la conociéramos y la admiráramos por su relación justamente con la posibilidad de morir. Con ella tuvimos algunas conversaciones, incluso me hizo una entrevista en Instagram unos días antes de partir. Ella fue muy inspiradora. Era una peruana en Alemania, que había elegido terminar su vida llena de gratitud por la vida que le tocó vivir, y conociendo a las personas que le apetecía conocer, rodeada de amor.

A Miranda ya le dieron de alta

Sí. Miranda está bien. Les puedo decir que es importante estar atento a nuestra salud, nuestros chequeos. El cáncer detectado a tiempo es curable. Busquemos ayuda profesional, soporte emocional y tengamos una red de apoyo. Cada uno lo encuentra a su manera. La salud viene no solo para quien tiene la enfermedad sino para toda la familia. Hay cosas y aprendizajes importantes. Ella (Miranda)está muy bien y yo estoy muy agradecida con la vida y con todo lo que ha jugado a favor en este tiempo.

Ampliando la mirada a la situación actual, supongo que has reflexionado sobre el precario sistema de salud que tenemos

Salud, educación, seguridad, son nuestros grandes pendientes desde hace décadas. Son los grandes espacios que se han visto mellados por la corrupción, por una clase política demagoga, inmediatista, que no ha apostado por el largo plazo. Siempre apostando en el corto plazo, y no en lo que importa, en lo que hay que construir a futuro. El costo es lo que estamos viviendo ahora. Y además tenemos un Estado que viene olvidando a buena parte de su población. Creo que una de las razones que explica este nivel de inconsciencia que a veces vemos, porqué tanto desorden, porqué tanto irrespeto a la norma, es porque vivimos en un país donde ha habido demasiado olvido. Hay ciudadanos que no son de primera categoría, que no tienen acceso a la ley, ni a la formalidad. Lo que genera el olvido es la distancia y la desobediencia, el poco respeto, la poca responsabilidad. Y eso es lo que nos está estallando en la cara.

La pandemia también ha afectado al gremio artístico y esto seguirá con la segunda ola.

Todo lo que es el teatro, el cine, es considerado una actividad no esencial. Aunque ojo que la primera cuarentena fue distinta a esta segunda. Mientras que en la primera cuarentena sí hicimos una pausa total, radical, en esta segunda se está buscando descongestionar todo aquel espacio donde haya concurrencia de mucha gente para evitar el contagio, pero no paralizar la economía. Por ejemplo, no vas a ir a un mall, no vas a ir a un restaurante, sin embargo ese restaurante puede hacer delivery y le da trabajo a personas que sin eso no podrían vivir el día a día. Entiendo que lo que se busca es bajar la circulación de la gente para evitar el contagio, pero no detener completamente la economía. Esperemos que se pueda llevar a cabo con eficacia.

Yendo al tema de tu regreso a De vuelta al barrio. ¿Es complicado trabajar en pandemia con un grupo grande de compañeros?

La serie se retomó en agosto y yo recién me reincorporo y encuentro un sistema con protocolos que probadamente funcionan. Cada diez días nos toman pruebas moleculares. Hay mucho cuidado con el lavado de manos, la temperatura, el distanciamiento. Para ser un equipo tan grande, yo que vengo después de meses encuentro cómo ya funciona todo. Igual, es difícil trabajar con mascarilla, que nadie te pueda tocar, mantener la distancia. Uno está acostumbrado a la maquilladora, la peinadora, la vestuarista. Todas esas dinámicas se han modificado, hacen el trabajo más lento. Pero es lo que nos toca vivir y tenemos que adaptarnos. Los protocolos se toman muy en serio y toda la gente está sana.

¿Qué tal el reencuentro con los compañeros de tantas temporadas juntos?

Es como volver de viaje a reencontrarse con la familia. Es ver que los chicos crecieron. Me da mucho gusto ver a los actores más jóvenes, haberlos visto madurar, evolucionar. Encontrarme con mis compañeros de siempre. De extrañar a los mayores que no pueden volver todavía. Me reincorporo muy agradecida y muy contenta a este nuevo modo de trabajar que no es fácil para nadie y que, de alguna manera, es nuestro granito de arena llevar entretenimiento en un momento como este. Alegrarle la vida a las personas. Eso le da sentido también a lo que hacemos.

Nunca has dejado de interesarte por la política del país. Estuviste en las marchas contra Manuel Merino en noviembre.

Así me criaron. Desde chica siempre escuché hablar de política, de lo social. Y mi vida, mis planes, proyectos o sueños no pueden estar ajenos a la coyuntura. Para mí fue un momento complejo, porque yo había marchado durante diecinueve años. Y el 2020 tenía que quedarme guardada y dije “no sería yo si no expreso una vez más lo que siento”. Y decidí ir a una de las marchas, con la distancia, la cautela, porque mi circunstancia era particular. Sin llegar a la plaza por primera vez, pero sin dejar de ser coherente. Porque cuando crías hijos y heredas algo, una identidad, no es solo qué piensas o dices, sino lo que haces. Además era un momento de quiebre. Porque a diferencia de años anteriores, apareció una nueva generación. Una nueva generación ha sorprendido a todos porque pensábamos que estaban distraídos en cualquier cosa menos en la coyuntura. Y de repente aparecen con fuerza, convicción, desenfado. Sin miedo, sin culpa, sin ningún referente ni de los ochentas o los noventas, de ‘terruqueo’, ni cosas que te hagan sentir pudor. Acostumbrados a decir lo que les parece. Ese mismo ejercicio que tenían en línea o en redes lo pasan a la calle. Si no hubiera pasado este quiebre en nuestro país no hubiéramos mirado a los jóvenes con el respeto que los miramos ahora. Una generación que ha visto que la presión ciudadana puede bajarse a un presidente ya tiene otro chip en la cabeza. No son de la generación que antes decía ‘nunca vamos a ganar’, ‘nunca lo vamos a lograr’, ‘nada va a cambiar’.